La deslegitimidad histórica de los de San Isidro


Por Paúl Sarmiento Blanco*. He visto con atención y seguido por las redes digitales, los acontecimientos vertebrados en la capital de la República relacionados con el llamado Movimiento de San Isidro en las últimas semanas.

He consultado dentro de las redes digitales variadas interpretaciones de los sucesos, por consiguiente, he decidido difundir mi humilde opinión como profesor universitario, comprometido con la formación de las nuevas generaciones, a las cuales les enseño, en primer lugar, que un ser humano debe tener principios morales, ideas y convicciones que guían su conducta.

He reflexionado y repensado lo que a continuación expongo.

Voy a partir de la tesis de que, para mí, los llamados representantes del Movimiento San Isidro, no constituyen una verdadera fuerza legítima, autóctona, que dignifique ni siquiera las dificultades y cotidianidad del cubano, ¿por qué?, por las siguientes razones:

En primer lugar y como primer argumento: apoyo con franqueza todo el esfuerzo colectivo de los buenos artistas e intelectuales cubanos, de los de verdad, de los que luchan día a día por dignificar el arte libre, el verdadero arte libre, que es aquel, en el cual su mensaje debe ser directo con la defensa de la nación, de su soberanía, y de su autodeterminación, los que a través de su arte respetan los sagrados símbolos patrios, y sobre todo respeto y admiro a todos los artistas cubanos, desde aquellos que fundaron la cultura cubana a principios del siglo XIX que nunca expresaron que un presidente yanqui era su presidente.

Hasta donde conozco, en la historia cultural de nuestra nación, nunca un artista, escritor, poeta, verdaderamente cubano, aunque haya sido censurado, maltratado, vilipendiado, se haya expresado como un fiel seguidor de un presidente estadounidense, esa expresión del artista Denis Solís lo enterró para siempre -en mi opinión del respeto cívico que se merece.

Esa expresión, incluso cargada de irrespeto, no solo a la autoridad policial, sino de irrespeto a la nación cubana, no solo al socialismo como opción, sino a la nacionalidad y cubanidad como expresión de lo nacional cubano, merece el más simple repudio moral de todo buen cubano.

¿Y quién es Denis Solís si lo comparo con los grandes artistas y escritores cubanos de todos los tiempos que se enfrentaron con hidalguía a cualquier desencuentro o discrepancia o medidas burocráticas en contra de su arte? Recuerden a principios de los 70, cuando nuestra Rosita Fornés fue casi apartada de sus programas estelares por funcionarios dogmáticos.

¿Y cuál fue la actitud de la Fornés? No respondió con huelga de hambre, ni aproximándose a la Embajada norteamericana (en aquellos años la SINA, ni expresando que Nixon, Carter o Reagan eran sus presidentes).

La Fornés continuó con su arte y demostró su cubanía por encima del simplismo de cualquier funcionario adoctrinado que quiso anotarse un punto tras bambalinas.

Y no solo de Rosita, existen otros ejemplos de artistas y escritores, incluso profundamente martianos que fueron apartados o censurados por sus ideas, pero ellos se mantuvieron firmes y se ganaron el respeto y la admiración de su pueblo, e incluso, aunque de forma tardía fueron devueltos a su lugar cimero en la cultura cubana, no por un decreto, no por una orden presidencial, sencillamente por su autoridad moral y por el arte limpio, noble, respetuoso, ético y martiano que siguieron expresando(Hablo de Silvio, de Cintio Vitier, de Agustín Acosta, entre otros).

¡He ahí la verdadera libertad artística!

Con esto no estoy descalificando a Solís, y no pretendo achicar su arte al compararlo con Rosita y otros genios de la cultura cubana, él tiene derecho al igual que otros artistas e intelectuales, a crear y definir su arte, pero, y escribo PERO con mayúscula, al expresar su inmenso amor por Donald Trump, aun cuando tenga derecho a expresarse, ese “amor”, que incluso lo dudo, ese amor eterno al magnate neoyorquino lo entierra para siempre –en mi opinión –en el cementerio de los ingratos, de los plattistas, de los verdaderos anexionistas, y considero que, aun teniendo derecho a expresar delirio por Trump, incluso en inglés, lo saca del dialogo y el debate que quisiéramos tener entre todos los buenos cubanos.

En segundo lugar y como segundo argumento: la falta de principios y moral de ese llamado movimiento, se evidencia en la mal llamada huelga de hambre. No, desde la perspectiva de la legitimidad histórica, esos huelguistas ni siquiera se acercan a la catadura moral de esos actos sublimes en la historia cultural cubana. Huelga de hambre de verdad fue la de Mella, la de 1925, (para más detalles vea la prensa de la época, incluso los periódicos de la burguesía cubana, que tuvieron que reconocer la entereza del joven; huelga de hambre de verdad fue la de un simple ciudadano del pueblo de Niquero, actual provincia de Granma, un simple guajiro que en la cárcel del cuartel del pueblo la llevó a cabo por 4 días y casi lo sacan muerto en marzo de 1958, casi deshidratado. Ese anónimo luchador que está en los periódicos de Manzanillo de esa época si era un verdadero luchador por principios.

Los videos subidos a las redes sociales reflejan el tipo de huelga de hambre que estaban realizando los de San Isidro. Los videos, por sí solo, deslegitiman su “lucha” y los fines de su movimiento. En esencia, no tienen principios morales, cívicos, ni políticos para legitimar un movimiento con causa verdaderamente histórica.

En tercer lugar y como tercer argumento: la utilización de nuestra bandera como objeto del mal arte que representan. Los videos y las fotos que estoy viendo en estos momentos por las redes de ellos mismo, los delatan, por creer, erróneamente, que ejecutan un arte libre, incluso se ganan el repudio de los mismos funcionarios de la legación norteamericana en La Habana.

Los propios amos se burlan de ellos, porque esos diplomáticos y diplomáticas acreditados en Cuba, lo. utilizan en función de sus intereses, que son, al final del camino intereses hegemónicos, intereses imperiales.

¡Qué lástima observar cubanos con tanto talento humillarse tanto y burlarse de nuestra bandera, la bandera de todos los cubanos!

Este estandarte no solo es el de la Revolución de los últimos 63 años, esa es la bandera de los mambises, que regaron su sangre por expulsar la tiranía española, esa es la bandera cubana, la que todos debemos amar y respetar, no así de ese modo.

Por tanto, en mi opinión, esos cubanos que utilizan nuestra bandera de esta forma están deslegitimados, y entonces no deben tener el espacio que exigen.

Por último, vuelvo al “amor” a la Yanquilandia de Donald Trump. Creo que, en estas circunstancias, el cubano, que sobre todo viva en Cuba, le pida a los políticos norteamericanos que aprieten la tuerca contra Cuba, no merece respeto cívico, no merece el amor propio.

Usted puede admirar a un político norteamericano, eso es verdad, es lógico, está dentro de las reglas, pero que expreses que él es tu presidente, incluso, un presidente farsante, un hombre que no respeta las libertades de prensa, que no admite crítica, incluso, que es el verdadero autor de un fraude electoral, entonces, cubano trumpista, usted no puede ser legitimado en nuestra nación. Podemos escuchar tus ideas, las podemos tolerar, pero perderás el respeto nacional, y un día, de aquí a 50 años, quizás tus nietos te detesten y se indigesten con tus pobres ideas y falacias sobre la libertad.

Msc. Paul Sarmiento Blanco. Profesor de Historia de la Universidad de Holguín

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