#NoMasBloqueo Un oncólogo cubano en Washington


Santos Renó Céspedes descubrió su vocación y su pasión de casualidad. Foto: Bill Hackwell
El Dr. Jesús de los Santos Renó Céspedes descubrió su vocación y su pasión de casualidad. Foto: Bill Hackwell

Por Stephen Kimber. A finales de la década de los ochentas a Renó le habían animado a utilizar su formación médica y sus talentos matemáticos y científicos para convertirse en especialista en medicina nuclear. Pero como la medicina nuclear era una sub-especialidad de la oncología, se le dijo que tendría que completar una residencia en oncología primero. Ya tenía dudas acerca de la medicina nuclear – “en ese momento, no se pasaba mucho tiempo con los pacientes” – y tampoco le alentaron las rotaciones iniciales en oncología.

“Pensé, bueno, terminaré esto, me convertiré en oncólogo y luego decidiré qué hacer después”.

Pero luego comenzó su rotación en oncología pediátrica, y su vida – y futuro – cambiaron. “Me indigné tanto viendo a todos esos niños con cáncer, y decidí dedicar mi vida a salvar a esos niños. Es por eso que todavía estoy trabajando en el mismo lugar después de 30 años”.
Hoy, el Dr. Renó, de 58 años, profesor, investigador y especialista en oncología pediátrica, es el jefe de pediatría del Instituto Nacional de Oncología y Radiología de La Habana.

También se frustra. Se frustra por las muchas y diversas maneras en que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba le dificulta obtener medicamentos y equipos necesarios para tratar a sus pacientes menores de edad. Y se indigna por las horas y los días y meses y años que él y sus colegas de la salud en Cuba pierden, intentando navegar las prohibiciones y restricciones del bloqueo sólo para obtener los recursos necesarios para seguir tratando a los enfermos.

Eso, de hecho, es lo que lo trajo a Washington esta semana a participar en la tercer jornada, Días de Acción Contra el Bloqueo, del Comité Internacional.

Durante el transcurso de la semana, el Dr. Renó informó a legisladores estadounidenses, se reunió con profesionales de la salud estadounidenses y compartió sus propias experiencias con estudiantes y otros en varios eventos en Washington, diseñados para resaltar el impacto que el bloqueo ha tenido en el pueblo cubano. El jueves participó en un panel de discusión sobre la salud cubana, el impacto del bloqueo y lo que los estadounidenses pueden aprender del sistema cubano de salud, renombrado a nivel mundial.

Antes del colapso del bloque socialista a principios de los años noventa, dijo que le era posible a Cuba obtener medicamentos y tecnologías de último momento de sus amigos socialistas. Pero una vez que se cerró esa ruta, el impacto total del bloqueo estadounidense de más de 55 años empezó a hacerse sentir.

“Fue chocante y deprimente”, dice Renó de la súbita falta de medicamentos e incluso de materiales básicos para realizar cirugías. “Teníamos el dinero para comprar lo que necesitábamos, pero no podíamos comprarlo. Las compañías americanas tenían miedo de vendernos cualquier cosa”.
Y no eran sólo las compañías estadounidenses. Los Estados Unidos han impuesto su voluntad anticubana a otros países y empresas, amenazándoles con multas y otras sanciones si tienen cualquier trato con Cuba.

En un instante, recuerda, Cuba compró una cámara de medicina nuclear a un proveedor canadiense, pero luego tuvo que dirigirla a través de los Países Bajos, Francia y Suiza antes de su arribo en La Habana para “desviar la atención” y hacerle más difícil a las autoridades estadounidenses el identificar el origen.

Las cosas sólo empeoraron cuando las compañías multinacionales basadas en Estados Unidos aspiraron a compañías farmacéuticas más pequeñas de países en desarrollo. Cuba había podido obtener una droga para el tratamiento del cáncer de México a “buen precio” hasta que una empresa estadounidense la compró — en ese momento la empresa no podía venderle a Cuba a ningún precio.

“Así que encontramos otros laboratorios en la India” eso ayudó — hasta que las compañías de Estados Unidos los adquirieron también, “Y tuvimos que empezar a buscar de nuevo.”

Incluso cuando Cuba es capaz de comprar tecnología médica de otros países, a menudo resulta que muchas de las partes utilizadas para construirla han venido de los EE.UU., lo que significa que Cuba no puede comprar piezas de repuesto. En los hospitales cubanos hay muchos equipos inactivos, dice, porque Cuba no puede comprar piezas. “Nuestros estudiantes lo llaman Parque Jurásico”, bromea el Dr. Renó.

Pero los resultados no son ninguna broma.

Mientras Cuba continúa haciendo todo lo posible para esquivar al bloqueo — y Cuba ha desarrollado su propia industria farmacéutica de categoría mundial, en parte como resultado — el Dr. Renó dice que el bloqueo hace todo más complicado y perjudica la salud de los cubanos.

Leima Martínez, del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), quien acompañó al Dr. Réno a Washington, señala las estadísticas presentadas a las Naciones Unidas que muestran que el bloqueo le costó al sistema de salud cubano $82.3 millones solamente del 2014 al 2015.
“Si el bloqueo terminara mañana”, dijo Martínez, “tendríamos esos 82 millones de dólares para invertir en el cuidado de la salud de nuestra gente”.

El Dr. Renó podría pensar en muchas formas de invertir ese dinero para la atención y el tratamiento de sus pacientes.

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