Cuba vista por Trump: lo que debería saber un magnate Presidente (+Versión ampliada)


Donald Trump arremete contra Cuba en la ONU. Foto: EFE.
Donald Trump arremete contra Cuba en la ONU. Foto: EFE.

Por Paúl Sarmiento Blanco*. Trump enfila nuevamente sus palabras agresivas contra Cuba. Esta vez en la sede de las Naciones Unidas. Pero su discurso además incluyó la amenaza a Venezuela, Irán y Corea del Norte. Parece que son sus más acérrimos enemigos.

Nos llamó regímenes corruptos, totalitarios, canallas, y bla, bla, bla.

Llegó nuevamente el Diablo a Nueva York y dejó más que azufre; dejó huracanes y terremotos, y no solo en el Caribe, sino desde el Medio Oriente hasta el Pacífico.

Trump, con su paso categoría 5 por el plenario de la ONU, arrasó con sueños y esperanzas, no de puertorriqueños, caribeños y mexicanos, sino de todas las personas honestas del planeta. Puerto Rico se quedó sin luz por los efectos devastadores de María, pero el mundo se oscureció antes las palabras del magnate presidente que bofeteó los verdaderos cánones de la libertad y los derechos humanos.

En cuanto a Cuba, puede estar convencido Trump que él se va en 2021 si no es reelecto -no quiero apresurarme, pero creo que es difícil- por los compromisarios, no por el pueblo, y Cuba se queda perfeccionando y actualizando su modelo socialista.

De eso puede estar seguro el Señor Presidente. Somos nosotros y no él, quienes decidimos los cambios en Cuba.

Por eso le sugiero a Trump que tenga en cuenta sobre Cuba que en sus anuncios anticubanos -tanto en Miami como en la ONU– demostró falta de conocimiento y/o asesoramiento acerca de la historia de Cuba, pero en específico dejó sentado su profundo anti historicismo sobre cualquier proceso de transformaciones radicales; la Revolución Cubana es uno de esos procesos que Trump no ha estudiado a fondo, en especial el tema sobre la democracia y la institucionalidad de nuestro país.

Sobre la base de este esbozo inicial, sería recomendable sugerirle algunas coordenadas acerca del estudio de nuestra democracia e institucionalidad:

En primer lugar: ningún proceso de transformación revolucionaria –como el vivido por la sociedad cubana a partir de 1959- es un apacible viaje hacia lo nuevo e inexplorado. Por ende, este proceso de mutaciones profundas y radicales ocurridas en los últimos 59 años no se ha dado en medio de la unanimidad y uniformidad completas; menos cuando se ha acompañado con desafíos perennes del mundo exterior, sobre todo la hostilidad norteamericana.

En segundo lugar, el señor Trupm debe saber que en estos casi sesenta años de Revolución hemos atravesado por varios hitos de la historia universal y cubana en particular. El desplome del modelo euro soviético de socialismo, la expansión global de un capitalismo neoliberal con nuevas tecnologías de la producción y la comunicación, el debilitamiento de los Estados Nacionales, las nuevas reivindicaciones ligadas a lo étnico-identitario y lingüístico.

En este escenario, el modelo cubano de Revolución ha emprendido un conjunto de reformas desde el 2008, validadas por los VI y VII Congresos del Partido Comunista de Cuba. Este proceso conocido como actualización del modelo económico político y social cubano, aunque en buena medida es una actualización económica, por otra parte, desborda en sus posibilidades de comprensión y realización hacia lo político-cultural y jurídico-institucional. Como puede ver el señor Presidente de los Estados Unidos, nuestra Revolución se está moviendo desde el mismo 1959 y no se ha detenido en el tiempo.

Por último, Trump debe conocer que nuestro país en estos momentos y hasta principios de 2018, celebra un proceso eleccionario, resultado de nuestra democracia socialista. Es un proceso que no lleva los cánones de la afamada democracia occidental, y no tiene por qué llevarlo ya que es propiamente cubano, con defectos y virtudes, pero es auténticamente cubano.

Y en este caso debe saber que las críticas, reacomodos y posibles cambios constitucionales para mejorar nuestra democracia, los decidimos en Cuba, en parlamento abierto con la participación masiva de todo un pueblo.

Yo le sugeriría al Presidente-magnate que puede enviar a sus asesores a partir de ahora hacia Cuba, no a monitorear, no a imponer criterios, sino a observar lo que tenemos y valiéndose de las normas del Derecho Internacional, sus diplomáticos y asesores, sin prepotencia ni complejos de superioridad, puedan aprender algo nuevo, algo insólito para ellos por supuesto.

Tampoco es necesario que lo copien, lo imiten y mucho menos lo impondremos, simplemente invitamos a Trump y su equipo que observen el proceso democrático en Cuba y sabrá para la próxima, cómo se debe enfocar el “caso cubano”.

En los discursos sobre Cuba -tanto en Miami como en la ONU- Trump está desfasado, anquilosado en el pasado y se ahoga en su propia impotencia.

Cuba, sin embargo, piensa en el futuro.

DESCARGAR: La Revolución Cubana en la era Trump (Versión ampliada de este artículo)

(Paul Sarmiento Blanco es Master en Ciencias y Profesor Auxiliar de Historia Contemporánea de Europa y de Cuba en la Universidad de Holguín)

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2 thoughts on “Cuba vista por Trump: lo que debería saber un magnate Presidente (+Versión ampliada)

  1. Es tan grande la estupidez de este hombre que en momentos me da miedo. Me pregunto si pensará, o si es un títere manipulado ya sabemos por qué intereses, o es simplemente un estúpido. Pero veo que es tan impulsivo que lo creo capaz de tomar una decisión y acabar con la mitad del planeta.

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