Del liderazgo y el ejemplo


Imagen tomada de internet.
Imagen tomada de internet.

Por Liset Prego Díaz. La creatividad se hace evidente en las redes cuando la inventiva humana nos saca sonrisas, estremece o mueve a la reflexión. Hace poco encontré una interesante comparación entre ser jefe y ser líder, allí decían que no es lo mismo, a eso añadamos el chiste de que el que sabe sabe y el que no es jefe, no hace justicia a muchos, y prueba otra vez que generalizar es una evidencia de escaso intelecto o juicio vano.

Pero buscar el dirigente ideal pone a los que ejercen este rol un alto listón y el imposible encargo de quedar bien con todos o con nadie, ni con él mismo se enciende como bombilla incandescente. Porque el liderazgo no se impone, se construye desde el ejemplo y el respeto, desde la integridad y el humanismo, no por la absoluta carencia de manchas, sino por la capacidad de errar, reconocerlo y cambiar.

Un dirigente es el espejo de la institución en la que labora, se sabe por dónde andan los subordinados, al conocer la naturaleza de quienes los conducen.

Podría pensarse en los directivos como entes distantes de la realidad y su expresión concreta, resguardados por un sólido buró y a salvo del candente sol de esta isla por un aire acondicionado y confortables sillones ergonómicos. Este puede ser un ejemplo, pero no el más feliz, y no es que el cuadro no merezca el confort de una oficina, también allí se hace Revolución, pero además, su trabajo se concreta donde los otros producen, hacen andar a un país, el mismo en el cual cada individuo es necesario para avanzar.

Como figura rectora de procesos esenciales, hacia él se dirigirán las miradas de la mayoría, y deberá responder ante la misma con una conducta apegada a las leyes de la moral.

No ha de tenerse miedo a la verdad, como el sol, es imposible taparla con un dedo, la disciplina es una sola, la misma para todos, más allá de jerarquías; el ejercicio de la autoridad no puede ser capricho o irreflexivo mandato, sino un democrático y perenne diálogo donde ganen la inteligencia y el país al que tributan los esfuerzos colectivos de cada uno de los trabajadores.

Ser estricto no implica ser irracional, inflexible, cerrado, los tiempos nos conminan a un cambio de mentalidad, que se adecue al tiempo en que se vive.

No puede esperar por la iniciativa ajena, precisa irradiar desde las prácticas individuales, creatividad, optimismo y voluntad de crecer.

La crítica, como arma que crea y destruye debe ser mesurada y consciente, porque seremos medidos con la misma vara que mensuramos a los demás.

El dirigente debe buscar la preparación que lo haga un profesional competente, porque del dominio y las competencias profesionales, vienen la capacidad de mando, y el respeto de los compañeros de labor, los clientes, la sociedad, agentes que ponderan la inteligencia y el conocimiento por encima de la demagogia y la palabra hueca.

Pero, sobre todo, junto a la inexorable condición de revolucionario, un cuadro no puede, sino ser un ser un buen ser humano. Empático, solidario y justo no será perfecto, pero aspirará a la máxima explotación de sus potencialidades puestas en función de su trabajo.

(Tomado de Ahora)

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