Falso testimonio: Elaine Díaz Rodríguez con Periodismo de Barro


Por Mauro Torres. Después de varios años de graduado de Periodismo, reflexiono sobre aquella canción de Carlos Varela cuando decía que “los días no volverán”. Eché a correr por un momento, y resulta que han pasado más de diez años desde aquella graduación donde nos creíamos mucho más de lo que realmente éramos. Siempre regreso al mismo sitio donde me invento con pelo largo, jeans rasgado y manillas. Un tanto rebelde y soñador, con cierta inocencia en la grandeza de ser orgullo del linaje familiar, y ante mis amigos en el barrio.

La universidad fue para mí, una especie de karma que me hizo resplandecer en proyectos personales que luego se cumplirían, sin apenas, creerlo cierto. Un título de oro, no me dijo nada, y eso que tampoco luché por obtenerlo. Sin embargo, ahí está la insignia que resplandece, en uno de los cuadros de la sala de mi casa, donde se debate con amistades, café, algún trago inevitable y cigarros. Claro, eso siempre ocurre hasta que cierta travesura de mi hijo, me regrese a la responsabilidad de padre, definitivamente neófito.

No me fui de Cuba. No. Asumí el riesgo y levanté mi mano en tribunas, muros y plataformas. Aún, resisto desde este lado que creo, el más valiente. Yo sé que hacer periodismo desde la oficialidad no es tarea fácil. Uno se reinventa y vuelve sobre los naipes para apostar con la única garantía de quedar bien con uno mismo y hacer por los demás, en este país que persevera con el pescuezo estrangulado por un bloqueo sin precedentes y contra campañas mediáticas.

A esta altura, por eso, no me creo el cuento de Elaine Díaz Rodríguez, mucho más si lo hace desde el norte revuelto y brutal, donde fue a dar a luz para presentarse ante el mundo como ciudadana norteamericana con familia incluida.

Yo la conocí en clases. Hablaba sobre la necesidad de ganar espacios digitales con la web 2.0. Yo fui uno de los que se creyó su cuento hasta que me defraudó. Hoy reflexiono que la última hija de Elaine Díaz Rodríguez nació hace tiempo. Su embrión se gestó con el servicio de Internet en la Facultad de Comunicación de La Universidad de La Habana. La hipermedialidad vino hacer como una especie de prenatales para que se hiciera más fuerte. Creció entre una comunidad de blogueros y jóvenes estudiantes de periodismo, a quienes intentó reclutar para multiplicarse en ellos.

Como cada barriga es diferente, a ella, no se le notó su embarazo avanzado, hasta que no mencionó su nombre y apellido: Periodismo de Barrio. Cursos y prebendas de organizaciones financiaron el óvulo que se gestó en su vientre. Cuando creció, tuvo ansiedades de reflejar su realidad, o al menos la que le pagaban. Creo en lo personal que tuvo luces, pero sus manchas lo opacaron. Registros públicos y secretos confirman que sus fondos provienen de la Open Society, la Fundación Sueca de Derechos Humanos, y la NED.

Por eso hoy, su última hija es norteamericana. Se lo debe a su vocación por los aparentemente más desposeídos o los que viven en barrios más desfavorables de Cuba. A ellos les debe su historia. A ellos, les debe su pretendida ciudadanía, a 90 millas.

La realidad es decisiva. Muchos periodistas independientes de Cuba, utilizan la vía de criticar a su país, como un escalón para emigrar. Ejemplos se sobran, incluido José Jassán Nieves Cárdenas, esposo de Elaine Díaz. Ella como directora de Periodismo de Barrio, y él, a la cabeza del sitio El Toque. Algo así, como una especie de cofradía periodística e independiente, a conveniencia, y con mucho dinero a su entrada.

A la lista se suman, Norges C. Rodríguez Almiñán y Taylor E. Torres Escalona, quienes actualmente dirigen su proyecto subversivo Yucabyte desde el norte revuelto y brutal. Otros como Eloi Viera Cañive y Harold Cárdenas Lema, también se encuentran en EE.UU. Mientras que, desde México, Carlos Manuel Álvares, después de ser colaborador de Cubadebate y entremezclarse con la oficialidad, es editor en El Estornudo desde México. Así, pudiera mencionar a tantos otros que apuestan por ofrecer su alma a organizaciones insípidas con dinero de la CIA. Un” cambio de régimen” es su propuesta, y cambiaron hasta su manera de actuar.

A ellos, se suman, pero desde este lado del archipiélago: Mónica Baró y Abrahan Jiménez Enoa, de quienes he hablado en otras ocasiones. Ellos, han declarado abiertamente sus propósitos de emigrar.

No es casual que cuando Elaine Diaz, vivía en Cuba, junto a Mónica Baró, en la casa de esta última, le fabricara el Premio Gabo, con tiempo de antelación. Pues, una vez que se fue de su medio de prensa, se le entregó semejante lauro por un trabajo que se publicara, casualmente en Periodismo de Barrio. Eso le daba crédito al espacio digital, lo que confirma que la utilizó; y es que, a ella, los contribuyentes le consultaban a quién y cuánto pagarle, a cada cual.

Hasta en la Facultad de Periodismo y Comunicación, se comentó que era miembro del G-2. Que cuando apareció en el programa “Las Razones de Cuba”, se sentenció su factura, y a quienes respondía. Hasta se dice que habló de los secretos de cada periodista independiente, pero luego, vino la traición, y entonces, no quedó muy claro.

Como tampoco quedó muy evidente, el por qué, de la ruptura con Mónica Baró, casi al unísono que recibiera su premio internacional, aunque ahora aparenten una amistad ante sus seguidores.

En días recientes, Elaine Diaz Rodríguez, fue víctima de la lengua viperina de Alexander Otaola, algo que obliga a reflexionar sobre los intereses del gobierno de los EE.UU., y las confrontaciones internas que existen por obtener más ganancias, entre los que apuestan por ser más confrontaciones, y los que lo hacen de manera más solapada.

Desafortunadamente, ella ha recibido amenazas en redes sociales por su postura política cuando radicaba en la isla. Entonces se demuestra que hablar mal de Cuba, no le da legitimidad ni garantía de vivir tranquilamente en territorio de sueño americano, aunque sus ganancias provengan de quienes residen aquí y producen los textos. Por eso, no me creo su historia, ni las que figuran a su alrededor. El periodismo se hace desde las raíces de los problemas, viviendo en ellos, y haciendo por ellos.

El sólo de guitarra al finalizar la canción de “los días no volverán”, me da nostalgia. No soy el mismo desde que lo escuché, por vez primera. Ni tampoco soy igual, desde que creí en una persona que resultó ser un falso testimonio, y hoy se encuentra en lejana orilla, haciendo un Periodismo de Barro en bandejas de oro.

Tomado del perfil del autor en Facebook.

La opinión que le merece el texto que acabas de leer es muy importante para nosotros, ¿la compartes?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .