¡Ah, periodista, ya tú no haces falta!


Ilustración: Tomada de la agencia española SINC.
Ilustración: Tomada de la agencia española SINC.

Por Roberto Alfonso Lara. Día a día, como parte de mi rutina laboral, reviso con detenimiento las notificaciones recibidas en cada una de estas plataformas: la mayoría de familiares, amigos o colegas, que publican, comentan y comparten disímiles contenidos. Otras tantas dan cuenta de acontecimientos importantes, algunos de los cuales escapan al olfato del periodista y a la mirilla de los propios medios. Son núcleos de información que retan a diario a las tradicionales agendas públicas, como quien dice: “mira, apúntate esto”.

Lo mismo hoy tropiezas con una imagen deslumbrante de la ciudad, que mañana los huecos, salideros, basureros y edificaciones patrimoniales en peligro de derrumbe, se convierten en comidilla de las redes sociales. Ese derecho ciudadano —el de decir sin pelos en la lengua—, dilatado en el contexto del continuo desarrollo tecnológico de la humanidad, inquieta a buena parte del periodismo nacional, cuya actitud tiende aún al escepticismo e indiferencia ante aquellos hechos no considerados en su proyección. Yo lo he vivido varias veces en mi ejercicio profesional y, posiblemente, como muchos, me he preguntado: ¿qué hacer?

Una experiencia reciente me colocó frente al malestar de unos vecinos, en días de crisis con el abastecimiento de agua en la ciudad de Cienfuegos. –Nosotros tenemos fotos y videos del relajo con las pipas, y lo vamos a publicar en Facebook, dijeron. Aquello sonó a: ¡Ah, periodista, ya tú no haces falta! Quedé petrificado. Luego, con la cabeza fría, deduje por qué no era tan así. Si bien la gente tiene hoy más que nunca el poder de divulgar por sí mismos sus alegrías, tormentos y frivolidades, al periodismo tradicional le subsisten los privilegios de convertir todo eso en historias y de darle credibilidad a través de su marca como institución.

Para la prensa cubana, el empleo de tales espacios en tanto fuentes de información todavía resulta incipiente y, por regla, permanecen fuera de las agendas públicas. Sin embargo, hoy unos 5 millones de cubanos disponen de líneas móviles activas y más de 300 mil acceden diariamente a Internet. Para los medios de comunicación representa un desafío ético en su responsabilidad social: desatender este escenario implica el riesgo de quedar empantanados en aquello que no dijo ni el papel ni la radio, ni salió por la televisión, pero que —no obstante— es “noticia” en ese otro país que emana en las redes sociales.

El X Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba introdujo otra vez el debate en torno al llamado “periodismo ciudadano”, al defender la información como patrimonio del pueblo. El profesor Raúl Garcés, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, planteó el problema en el ámbito de la credibilidad: “el futuro de la Revolución Cubana se juega en los terrenos económico y político, pero también y con mucha fuerza, o incluso especialmente, en el campo simbólico”, dijo. El mundo de las redes sociales, le abre a nuestra prensa dos caminos: el de acercarse más a las demandas e intereses de sus públicos o el de languidecer en el descrédito. Ante el periodismo de la gente, el de los medios, asentado en la cultura profesional de sus reporteros, deberá asirse a su fuerte: cargar “la verdad” con todas las voces posibles.

(Tomado de 5 de Septiembre)

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