De la mano de papá


Diseño: VdC.
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Por Liset Prego Díaz. Historia 1: Mi papá no me llevó a conocer el hielo, pintó con mercuro cromo la cabeza de una rana. Todo para demostrar la hipótesis de que la misma era la que llevaba una semana croando cada noche en el balcón. Espero los crímenes contra los animales prescriban. Con su estrategia de desensibilización progresiva me hizo tocarla hasta probar que no mordía. Trataba de hacerme valiente. Lo siento por la rana, pero funcionó.

Historia 2

De su mano llegó al estadio, se acercó al terreno, hizo de las suyas por aquel espacio que desde su estatura infantil parecía inmenso. Se creía el Cristóbal Colón del diamante beisbolero, y bojeó entre la arcilla y la hierba, bajo la mirada distante pero protectora de su padre.

El niño no reparaba en la cuidadosa vigilancia de quien desde siempre lo apoyó en su afición por un deporte que, aún sin practicarlo, sigue dándole placer, triunfos, deseos de trabajar, pese a todo, cada día. Tal vez porque está seguro de que, como aquella primera vez en el terreno, desde algún sitio, el que le dio el nombre, aún lo observa y lo cuida.

Historia 3

A ella le fascinaba su compañía, él se inventaba personajes y un mundo donde cabía cualquier disparatada creación, incluso en aquellos años, los más duros que recuerda, cuando había que pedalear casi hasta el horizonte para un canje que pusiera algo en la olla de la casa.

Entonces él, que la había llevado a ese viaje extenuante, después de obtener unos plátanos en el trueque, subió a la niña a una colina, le enseñó el infinito y le dijo al oído: mira, nena, estamos en la cima del mundo.

Ella lo creyó, podía ser, debía ser. Los papás nunca mienten. Mucho demoró en saber dónde estaba el Everest, que la lomita a la que ascendieron en bicicleta no era ni un chichón en el pico más alto de la Tierra y que aquellos años se conocieron como periodo especial. Por suerte, tuvo un mago que invisibilizaba esas carencias de alimentos y kilómetros.

Tres historias distintas e iguales en la certeza de que no hay como ser conducido por la vida, de la mano de papá.

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2 comentarios sobre “De la mano de papá

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