Eso se llama robar


Foto tomada de internet.
Foto tomada de internet.

Por Lourdes Pichs Rodríguez. “Ese custodio es un nazi”, le escuché asegurar a un hombre, tras relatar cómo aquel protector de los bienes del Estado había cogido in fraganti a una trabajadora en el intento llevarse una bolsa con bicarbonato de sodio de un centro asistencial y la había llevado a responder por sus actos.

La comparación nada más oírla me hizo preguntarle a su autor si sabía qué era un nazi y si, también, conocía cuál era el uso de ese producto en una unidad de salud, más específicamente en aquellas dónde se realiza hemodiálisis (técnica de purificación de sangre extracorpórea usada en pacientes que sufren insuficiencia renal crónica).

Claro que bien sabía ambas cosas, en especial la segunda; sin embargo, no llegaba a interiorizar la gravedad del asunto, y emitía un criterio muy a la ligera sin mirar las consecuencias del mal actuar de una persona inescrupulosa, queriendo lucrar, “luchar”, a costa de la vida de un semejante, sí, así mismo, pues de faltar ese compuesto químico se vería afectada la preparación de las soluciones para ese tratamiento médico y por tanto comprometida la vida de decenas de enfermos.

Traigo a colación este hecho, porque lamentablemente es muy normal ver personas en la calle y hasta en Puntos de Ventas legales, ofertando artículos, materias primas, materiales diversos, piezas y partes y equipos, cuya procedencia bien se conoce y cuál es el uso que se les ofrece en fábricas, industrias y otros establecimientos estatales.

Del bicarbonato de sodio me acordé en estos últimos días durante la cobertura de varios balances de Sindicatos y organismos de sus resultados del trabajo de 2017. Reconozco que el tema del delito ocupó espacio en los informes presentados y en las discusiones, aunque no con la integralidad y fuerza que amerita el asunto, mucho más en momentos cuando se impone aprovechar al máximo de cuanto disponemos y ahorrar más de lo que se pueda en beneficio de todos.

En algunos lugares a este problema lo oí llamar bien por su nombre: robo, desvío de recursos, delito, pero en otros lo nombraron: incidencias. Pero lo más preocupante- a mi entender- ya no es como lo califican, sino que persiste y aumenta de un año a otro el hurto en no pocos lugares, sin encontrar en los colectivos laborales la denuncia oportuna y el combate necesario y, peor aún, algunos se enteran de que les falta algo cuando es descubierto el faltante por inspecciones o auditorías.

Es loable que reconozcan “fallas en el control interno” y que “a pesar de las medidas adoptadas perdura la ocurrencia de delitos” hasta que exista relación de lo sustraído de almacenes, cocinas y anaqueles, pero eso no basta, porque esas mismas frases se repiten una y otra vez y no acaba de frenarse este mal impropio de colectivos destacados en la producción o los servicios.

Hay claridad sobre el mal que aqueja, dónde están los puntos más vulnerables, cuáles son los recursos más codiciados, entonces no queda más que lograr cumplir con las medidas preventivas y hacer funcionar el sistema de vigilancia y protección establecido para cada establecimiento e institución, pero siempre con la participación activa y consecuente de todos los obreros con sus organizaciones al frente, así no hay quien saque un pie, de eso no existen dudas.

(Tomado de Ahora)

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