Ni Martínez Campos, ni Weyler, ni Obama, ni Trump


Foto: Pablo Martinez Monsivais/AP
Foto: Pablo Martinez Monsivais/AP

Por Jesús Álvarez López. Tengo huellas macabras en mi propia familia de Valeriano Weyler. Mi bisabuela Isabel le contaba a aquel niño inquisidor su historia terrible. Su padre, el coronel Acebo fue fusilado por los españoles cuando ella tenía apenas 8 años y la madre sola, con tres hijos pequeños, Salvador, Ana e Isabel, fue reconcentrada: Murió a los pocos meses tras caminar 18 kilómetros para regresar tan solo con una calabaza. Dicen que murió de una insolación, yo se que fue una víctima más de Valeriano Weyler.

Había llegado a Cuba entonces la mano dura muy distinto al trato amable de un General español, Arsenio Martínez Campos, quien después de pacificar España se propuso acabar la guerra en Cuba y había logrado su objetivo, por la división y agotamiento de las fuerzas mambisas. Maceo protestó en Baraguá, y logró salvar entonces nuestra honra.

Ciento treinta y ocho años después llegó Barack Obama a la Habana y pareció repetir de nuevo las palabras de Martínez Campos: “Basta de sacrificios y de sangre, bastante han hecho ustedes asombrando al mundo con sus enseñanzas y su ejemplo”. Y nos pidió olvidarnos de la historia. Créanme que a no pocos confundió con su sonrisa amable y su gesto de paz.

Pero ya alguien dijo que la historia es cíclica y se ha apoderado de la Casa Blanca un nuevo Weyler, el emperador Donald Trump.

El nos quiere reconcentrar de nuevo, arreciar el bloqueo criminal y que el hambre y la miseria campeen por nuestros campos y ciudades para fomentar el desaliento y el desencanto con el sueño de que firmemos de una vez el pacto de la paz sin independencia.

No sabe que los cubanos somos testarudos o empecinados y que jamás nos rendiremos.

Ni con Martínez Campos, ni con Weyler, ni con Obama ni con Trump, firmaremos jamás, un nuevo Pacto del Zanjón.

8 comentarios sobre “Ni Martínez Campos, ni Weyler, ni Obama, ni Trump

  1. Coincido con los que opinan que la barbarie de Weyler fue precursora de los tristemente célebres campos de concentración nazi de la segunda guerra mundial, un auténtico genocidio del colonialismo español contra el pueblo cubano. Solo basta mirar las fotos de los reconcentrados y comparar con fotos de los campos nazis para ver la similitud.

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      1. Hola profesor, en efecto, el olvido parece ser la enfermedad de estos tiempos y la que nos quieren transmitir desde los centros de poder, en otros lugares lo he comentado (no estoy seguro de si aquí lo he hecho) los revolucionarios contamos con un arma muy formidable a nuestro favor que es la Historia, para usarla en la batalla de ideas de estos tiempos, la máxima de que quien no aprende de la Historia está condenado a repetirla tiene plena vigencia.

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