El veneno de la doble moral


Por Juan Miguel Cruz Suárez. Los errores, las equivocaciones y las meteduras de pata, como decimos los cubanos,  de las cuales de alguna forma nos lamentamos, son, según reza una sentencia popular: “cuestiones humanas”.

Todos de una manera o de otra cometemos deslices, cargamos esas (grandes o pequeñas) cruces por el resto de la vida y debemos lidiar con la compleja disyuntiva de ignorar los yerros propios, justificando su aparición, o reconocerlos, sacar la patica del fanguero  y atenuar el lío con una buena dosis de sinceridad y arrepentimiento.

Nos es cuestión nada fácil eso de hacernos la autocrítica y asumir que la “maldita culpa” tiene efectivamente un dueño y que ese podemos ser nosotros mismos y si el reconocimiento amerita ser en público, pues mucho peor, porque entonces nos duele como la piedra en el zapato; es tan incómodo como un trámite para vender tu casa o más lacerante que la recepcionista que no te contesta tus “Buenos Días” en la entrada de tu Empresa.

Sin embargo, los tiempos actuales reclaman trasparencia y solo podremos fomentar la confianza colectiva si las banderas de la sinceridad ocupan los mástiles donde muchas veces ondean los pabellones de la doble moral. En mi barrio recuerdo a YAGRUMA, que así le decían por aquellos de las dos caras en las hojas de ese árbol, el tipo se especializó en el asunto , se hizo célebre por su supuesto combate frontal a casi todo y a casi todos, hasta que los muchachos de la barriada descubrieron que visitaba de madrugada la casa de Chichita, condenada por él dadas sus libertades amatorias, y además luego se supo que agregaba un “poquitín” de agua a la leche que vendía su hijo y practicaba la enfermería inyectando el preciado líquido a los pollitos, que luego de congelados,  los daba a su sobrina para venderlos un poco más pesaditos  de lo común.

El susodicho me recuerda que en materia de política internacional las plantaciones de Yagrumas están bastante florecientes e incluso, por acá, dentro de nuestra propia isla, tenemos algunos buenos ejemplares, muy diestros en eso de poner una carita “blanca”  para meterle caña a la Revolución y otra carita “verde” muy sonriente cuando agarran los billeticos de ese mismo color.

Decir, sin sentir lo que se dice como una verdad o un precepto, es el peor de los venenos en las relaciones humanas y si ese discurso hueco lleva como objetivo convencer a otros o sumarlos a una acción común, el daño es entonces de proporciones enormes, pues la mentira con su pata coja, termina por dejar sus máscaras y las secuelas de desengaños y resquemores labran una profunda grieta en el muro de las confianzas necesarias.

(Tomado del blog La bicicleta)

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Un comentario sobre “El veneno de la doble moral

  1. Lamentablemente, tipos como el Yagruma del post son demasiado abundantes en nuestro medio, son los que de verdad ponen en peligro la supervivencia e la Revolución con su actuar hipócrita de haz lo que yo digo y no lo que yo hago, y me refiero específicamente a los enquistados en el aparato estatal, como el de la historia.

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