El 10 de octubre en la memoria histórica de los cubanos


Campana de La Demajagua. Foto: Aileen Infante Vigil-Escalera/Cubahora.
Campana de La Demajagua. Foto: Aileen Infante Vigil-Escalera/Cubahora.

Por Paul Sarmiento Blanco. El 10 de octubre de 1868 el hacendado, abogado y patriota bayamés Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo llevó a cabo la Declaración de Independencia de Cuba. Reunido con unos 300 hombres entre propietarios y esclavos en su pequeño ingenio Demajagua a unos 12 km al suroeste de la ciudad de Manzanillo inició además el proceso de luchas por la independencia de la isla. Este ingenio había sido adquirido en 1866 por Céspedes a través de un traspaso de propiedades con su hermano Francisco Javier representado por una Compañía Comercial radicada en Manzanillo.

Según consta en el Acta de Propiedad del mismo, contaba con 18 hectáreas, de ellas, 10 sembradas de caña. Trabajaban en él 53 esclavos, los cuales fueron liberados ese legendario día.[1] El primer documento que desde la parte cubana fue escrito con relación a los acontecimientos en Demajagua lo redactó Bartolomé Masó Marquez, en un informe redactado el 17 de octubre de 1868 en Barrancas. Masó al igual que Carlos Manuel era propietario y abogado manzanillero, dueño de tres ingenios en la zona costera de Manzanillo y Campechuela.

Según el documento de Masó se encontraban en Demajagua varios conspiradores –manzanilleros sobre todo ya que los de otras regiones orientales estaban indecisos con respecto a la hora del alzamiento –que secundaron la decisión de Céspedes de iniciar la lucha contra España. Hombres desconocidos como Juan Hall, Agustín Valerino, Juan Acosta, Manuel de Jesús Calvar entre otros habían llegado a Demajagua desde el día 9 para seguir los pasos al ilustre patricio bayamés, líder de los manzanilleros. Masó afirma que: “…bien temprano en la mañana, casi al amanecer, Céspedes había ordenado a Juan Acosta y a su hija Candelaria Acosta Fontaigne(Cambula) –hija de Juan –tocar la campana del ingenio y e izar la bandera que unos días antes las manos de la propia joven Cambula había bordado…”[2]

Es difícil imaginar como historiador actual el hervidero patriótico existente en Demajagua ese día, pero los documentos hablan, y Masó supo describir con lujo de detalles lo ocurrido esa mañana en el histórico lugar. Y quedaron para la historia esas preciadas notas escritas por uno de los abogados ilustres del 10 de octubre. Por eso lo difícil se hace algo fácil. Céspedes convocó a la lucha mirando las cumbres del Turquino, que según Masó inspiraron al líder de la Revolución.

Esa mañana leyó de forma enérgica el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de Manzanillo al pueblo de Cuba, conocido como el Manifiesto del 10 de octubre. En este documento Céspedes exponía las razones por las cuales los cubanos se lanzaban a la lucha y además daba a conocer el programa de la independencia. Un abogado defensor del derecho natural de los hombres como era Céspedes se inspiraba en los ideales de las revoluciones norteamericanas y francesas del siglo XVIII. Llamó a los negros esclavos ciudadanos y los invitó a la lucha.

Con esta acción humanista se iniciaba el proceso de creación jurídica de la Nación Cubana. Carlos Manuel de Céspedes, bayamés radicado en Manzanillo no portaba un esquema de pensamiento regionalista y localista. Más bien su proyección desde el 10 de octubre se fue a lo nacional Incluso José Martí cuando años después escribía sobre el legado cespediano nos alertaba que: “No fue tan grande Céspedes cuando liberó a sus esclavos sino cuando los llamó ciudadanos”[3] Fue esencialmente humanista y liberal esta proyección. Era un pensador incluyente y no excluyente. Para Céspedes los negros entraban a formar parte de la nacionalidad cubana.

Masó también afirma que la mayoría de los esclavos complotados esa mañana del 10 de octubre siguieron el ejemplo de su “amo”, incluso es bueno aclarar que los 53 esclavos de Céspedes y los más de doscientos de otros propietarios técnicamente ya no eran esclavos el 10 de octubre, sus dueños como Masó, Hall,Valerino y otros pequeños propietarios de la zona le pagaban un pequeño jornal desde 1866. Por tanto los patriotas reunidos en Demajagua el 10 de octubre representaban lo más avanzado del pensamiento liberal y democrático de la región sur oriental.

Allí en Demajagua se perfilaron las bases democráticas de la futura República en Armas al invitar a la unidad de todos, los negros y los blancos, los campesinos de la zona y los pequeños propietarios. Además como profundo conocedor del Derecho Internacional de la época Céspedes tomó la bandera chilena autorizada por el patriota Benjamín Vicuña Mackena para que fuera utilizada por los cubanos en su lucha contra España. Al diseñar la bandera del 10 de octubre Céspedes tuvo en cuenta lo más puro de los ideales latinoamericanos de independencia y allí, junto a la Campana del ingenio ondeó la Bandera de Céspedes, que se inspiró en la chilena como símbolo de fraternidad de los pueblos de nuestra América.

Es difícil resumir en pocas palabras el significado del 10 de octubre, pero lo más importante para todos los cubanos es dignificar al hombre que lo tuvo todo en riquezas materiales y ese día lo perdió todo. Días después el ingenio fue destruido por los españoles, pero sobrevivió la campana y las ruedas dentadas de la maquinaria. Céspedes marchó con sus antiguos esclavos y sus antiguos amigos de clase social a forjar una nueva Cuba. Por eso Martí lo llamó “hombre de mármol”.

Eusebio Leal al visitar el Parque Nacional La Demajagua en febrero de 1995 razonaba en silencio y durante varios minutos como enfocarle a las nuevas generaciones el legado de aquel 10 de octubre. Y decía murmurando ante varios jóvenes que escuchábamos asombrados a uno de los más grandes cespedianos que ha parido Cuba: “Este lugar es el verdadero altar de la Patria. Aquí el 10 de octubre de 1868 emergió la Nación Cubana”

[1] Acta de Propiedad del Ingenio Demajagua; Archivo Histórico Municipal de Manzanillo, Caja 7, Legajo Guerras de Independencia. Consultada además por el autor en el archivo de documentos del Parque Nacional La Demajagua, Manzanillo, Granma.

[2] Informe de Bartolomé Masó Marquez sobre los primeros días de la Independencia, Archivo documental del Parque Nacional La Demajagua, Manzanillo, Granma.

[3] José Martí: Céspedes y Agramonte. Patria, abril de 1892.

Paul Sarmiento Blanco es Máster en Ciencias y Profesor Auxiliar de Historia Contemporánea en el Departamento de Historia, de la Universidad de Holguín.

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