¿Borracho o loco?


Foto tomada de Ahora.

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Por Ivet Tejeda Sánchez*. “Me ayuda a olvidar” fue la respuesta de Tony para justificar el vicio por el alcohol. Aún no había terminado de pronunciar la letra “r” y ya se disponía a “matar” lo que quedaba en el vaso. Me quedé observándolo, la acompañante, de un vidrio oscuro, estaba en el suelo a pocos centímetros y destacaba Habana Club en su etiqueta. De vez en cuando la cogía entre sus manos y se daba un trago. Era un muchacho de no más de veinticinco años que, como otros, se “toma su vida”.

Transcurren tiempos en los que el alcohol, cigarro y otras drogas están asociados, por la juventud, a la diversión. Justifican el vicio con la necesidad de recreo o desahogo, sin percatarse de que la adicción consume su existencia.

La Organización Mundial de la Salud, determina el alcoholismo como: “toda forma de embriaguez que excede el consumo alimenticio tradicional y corriente o que sobrepasa los linderos de costumbres sociales…” Es una enfermedad incurable, progresiva y mortal.

Lo categorizaría de criminal. Seduce a sus víctimas por el placer de borrarlo todo y sentirse bien, ¿pero a qué precio? Para él no hay prisión, solo declararlo culpable y la sentencia de ponerle un stop sería suficiente, mas resulta difícil, requiere, como las demás enfermedades, atención médica y apoyo por parte de los familiares y allegados. Además, necesita mucha fuerza de voluntad del enfermo.

Jóvenes que han tocado fondo relatan cómo fue la primera vez que consumieron alcohol, mientras cuentan, traslucen con la voz el deseo de volver el tiempo atrás, regresar al momento cuando su vida era sana y entonces, según ellos, harían las cosas bien, estarían alejados de estas sustancias. Pero cada acción tiene una reacción, cada decisión, una consecuencia.

Las personas que sufren este padecimiento con frecuencia siguen bebiendo, a pesar de que ven afectada la salud, el trabajo o la familia. No les importa si están limpios o cómo andan vestidos e inventan excusas que le permitan consumirlo la mayoría de los días para lograr “estar bien”.

De acuerdo con la Dra. Aliónuska Machín Fernández, Psiquiatra, funcionaria de salud mental en la Dirección de Provincial de Salud en Holguín el adicto no solo es el afectado sino también la vida de todo aquel que se encuentra a su alrededor. Para el individuo provoca serias afecciones como pérdida de visión periférica y nocturna, desnutrición alcohólica, úlceras, sangrados, cirrosis hepática, pancreatitis, cardiopatías y disminución del deseo sexual.

Reconocer la condición de dependencia por la bebida es el primer paso y uno de los más complejos. La mejor forma de apoyar y ayudar a nuestros hijos es estar cerca de ellos. Los jóvenes que perciben a su familia presente y pendiente de ellos, tienen una propensión menor a desarrollar el hábito de consumir alcohol.

Este líquido no es un estimulante, al contrario, es un depresor. Convierte al individuo en un “despojo humano” y puede provocarle la muerte. Para el apoyo y tratamiento de las personas enfermas en la provincia hay clínicas como el Hospital Psiquiátrico ITH, el Hospital de día de Coliseo, entre otras. Estas instituciones cuentan con personal médico especializado, y su atención es gratuita.

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(Tomado de Ahora. Ivet Tejeda Sánchez es estudiante de periodismo de la Universidad de Holguín)

 

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