No son inútiles la verdad y la ternura


Fidel Castro dejó su huella en el Colegio de Belén.
Fidel Castro dejó su huella en el Colegio de Belén.

Por Daniel Guerra. Tomé en mis manos, al amanecer del 25 de marzo de 2017, un viejo folleto que guardo en mi biblioteca familiar como uno de los más preciados: “Diarios de Campaña”, de José Martí.

Aunque repasé algunos de sus escritos de cuyas frases más prominentes acostumbro a subrayar, me detuve, ya con más calma, en aquellos últimos, de igual día y mes del año 1895, precisamente 122 años atrás, estando Martí en Montecristi, República Dominicana, en la casa de ese inigualable estratega y patriota que fue Máximo Gómez.

Me emocionó muchísimo el amor a la madre, víspera de su largo viaje, su reafirmación consciente de que la piensa siempre, no encuentra explicación al por qué nació de ella con una vida que ama el sacrificio, aunque la sabe, reconoce que su deber de hombre está allí donde es más útil, y se reafirma que jamás saldrá de su corazón obra sin piedad y sin limpieza.

Pide Martí a su madre la bendición y cierra su carta con la razón brillante de irse a la batalla, más contento y seguro de lo que ella pudiera imaginar, y le asevera: “…No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca”.

Luego prosigue ese propio día, signado por la lumbre de fervor y lealtad, en otra misiva a quien consideró amigo y hermano, el dominicano Federico Henríquez y Carvajal, para dejar constancia de lo que considero parte de su testamento político.

En esa carta, Martí, con su proverbial agudeza, deja claro que: “…apenas se puede poner en una enjuta frase lo que se diría al tierno amigo en un abrazo.” Y vibra en el Apóstol la virtud de lo encomiable y define en la honradez y la cordialidad de éste: “…Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y sienten con entrañas de nación, o de humanidad…”.

También habla Martí del amor a la patria y de la previsión segura de que: “…Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América…”, define sobre las nacionalidades entre interrogantes sublimes de que Patria es una y pide hacer: “…a sangre y cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino…” y deja claro que si cae será también por la independencia de la patria de su amigo.

Llego entonces en mi repaso mañanero, ya con el desayuno a la mesa, al Manifiesto necesario, el de Montecristi, lo refresco primero de una vez, luego leo despacio, para no olvidar detalle alguno, encuentro ideas subrayadas de mis lecturas anteriores.

No privo la emoción propia de compartirles, pero en justo respeto a la deferencia de vuestro tiempo, los invito pues, en algún momento, a recapitular ese pasaje de la historia y sentirán como yo, vivir el instante mismo desde la casa de Gómez, en Montecristi, donde se escribió y firmó. Sentirán “…la energía de la revolución pensadora y magnánima (…) para salvar la patria desde su raíz”.

Y pienso ahorita en mi Venezuela querida, asediada por el odio y la barbarie que le adversa; en el Ecuador aliado, que se define para salvarse de lo salvaje; en la Argentina sufrida, hastiada de un gobierno que la embolica; en el gigante Brasil, cautivo de un poder corrupto que lo atasca e injuria; en el México corroído, que se pierde sino se salva de fronteras y muros; en la Colombia, necesitada de consagrarse a una paz verdadera y sin masacres de líderes que renacen de tanta desigualdad y oprobios; en los desafueros entre países hermanos que se disputan licitudes territoriales; y tantas y tantos otros designios carentes de bondades que laceran la unidad y equidad social de la Patria Grande.

Con qué tamaña fuerza resuena en ese benemérito Manifiesto: “…Al acero responda el acero, y la amistad a la amistad. En el pecho antillano no hay odio (…). No tendrá el patriotismo puro causa de temor por la dignidad y suerte futura de la patria…”.

Hagamos eso, hermanos latinoamericanos y caribeños, salvemos los valores patrios, por encima de las diferencias que lo redimen “…por la responsabilidad común de su representación, y en muestra de la unidad y solidez…”.

Luego entonces, me fui a conjugar de la lectura y el repaso ameno de ésta propia mañana, el desayuno que esperó mi alimento primero de la viva historia, para cerrar en el vespertino un día memorable, con la visita al Instituto Técnico Militar “José Martí”, en La Habana, lugar donde en el otrora Colegio de Belén estuviese Fidel Castro, los últimos años de su bachillerato.
Chavez cadete y Fidel bachiller
Cuántas emociones encontradas al ver allí tanta historia junta en una conservación patrimonial exquisita, pulcra, que da luz de pensamiento y reafirma valores en los que se cree. Allí rememoró una historiadora el primer discurso de Fidel, el 22 de marzo de 1945, durante el debate parlamentario, y no sé por qué me vino a la mente una foto del Comandante eterno, el cadete Chávez, igualito por aquel entonces a esa imagen de Fidel.

Visita al cuarto que habitara Fidel durante su estancia en el Colegio de Belén (1942-1945)
Visita al cuarto que habitara Fidel durante su estancia en el Colegio de Belén (1942-1945)

Gracias. Si llegaron hasta aquí, continúen, los invito pues a seguir haciendo Patria desde la historia misma que nos ha hecho llegar y triunfar; no cejen en el empeño, nuestros pueblos nos lo agradecerán siempre, nuestro hijos sabrán continuar su cauce. Les abrazo con la verdad y la ternura, y les doy la bendición de mi afecto todo.

(Tomadod el blog Sin Oropel ni Garufa)

Anuncios

La opinión que le merece el texto que acabas de leer es muy importante para nosotros, ¿la compartes?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s