Viales: el “trajín” de la beca


Calle Real, en Santa Clara. Foto del autor.

Calle Real, en Santa Clara. Foto del autor.

Por Jesús Álvarez López.  Hay una situación que se presenta durante años en nuestras calles que a mi me recuerda aquello del trajín de la beca. Se trataba de aquel muchacho noble o tímido, con menos calle, que todos apabullaban, le hacían pasar pena en una edad tan difícil como la adolescencia y algunos terminaban suplicándoles a sus padres que lo sacaran porque no se adaptaban.

Espero que sepan entender los compañeros que trabajan en viales el sentido constructivo de mi parábola, porque para nada deseo ofenderlos, pero tiene que dolerle a todo el que tenga sangre en las venas que cualquiera llegue y rompa una calle, no importa incluso si fue reparada recientemente con recursos que el país no tiene a borbotones ni mucho menos, haga una zanja de orilla a orilla y después quede la calle atropellada durante años.

Todos los cubanos que me lean tendrán en su mente ahora mismo más de una calle magullada por manos irresponsables.

Y esto ocurre lo mismo en Santa Clara, que en La Habana. Sabemos la desesperación del que no tiene agua y es capaz de cometer hasta ilegalidades para resolver su problema o que a veces no hay otra alternativa que romper la calle para resolver una inundación de aguas albañales como es el caso de la foto de este post en mi calle Real.

Pero no pueden ser nuestras calles el potrero de Don Pío, o peor aún, pareciera que ellas no tienen dueños ni nadie que las proteja.

Y no hablo de papeles de autorización, hablo de seguimiento a los problemas, que cuando sea preciso autorizar a alguien a romperla, sea estatal o privado, tenga la obligación de dejarla como estaba o mejor aún. Nadie permite que alguien se introduzca en su hogar a destruir lo que con tanto esfuerzo construyó. Hasta el antes bellísimo Paseo de la Paz de Santa Clara pudiera llamársele hoy el paseo de los baches.

Recuerdo aquel jovencito de la Lima de alma campesina y cuerpo menudo, que muchos agitaban en el sentido peyorativo del vocablo, en la ESBEC que me tocó estudiar por los años 70 del siglo pasado. Un día tomó una cabilla entre sus manos, ya fuera de si, y vi correr a los que parecían valientes hasta ese día. Nadie jamás se volvió a meter con él.

Lejos de insinuar la violencia como solución de los problemas, creo que va siendo hora de que la entidad de viales, tomé una vigorosa cabilla virtual entre sus manos y ponga a correr a quienes destruyen nuestras calles y la dejan dañada a la vista de todos.

A fin de cuentas, Martí dejó bien definido los dos bandos que dividen a los seres humanos, y los que destruyen, lejos de ser valientes, son irresponsables y deben pagar por su desidia.

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