La unidad latinoamericana y caribeña, premisa por el bien común


La unidad de Nuestra América es la principal arma contra el imperialismo.

La unidad de Nuestra América es la principal arma contra el imperialismo.

Pretender hoy, reorientar y centrar esfuerzos en la necesaria contribución a una de las medulares direcciones de la batalla ideológica, la lucha antagónica de los pueblos contra los fenómenos imperialistas, más que premisa es necesidad impostergable, no queda de otra, si se pretende evitar una consolidación de los proyectos neoliberales que resurgen en el continente americano y procuran afianzarse en detrimento de los desposeídos y vilipendiados.

Los adversarios no solo intentan socavar, desde adentro, las fuerzas populares y sus estructuras, desacreditar a sus dirigentes; debilitar las bases ideológicas, implantar concepciones burguesas, deteriorar los principios básicos y teóricos de los proyectos sociales más avanzados y que responden a la inclusión social y la diversidad de posibilidades para todos y en beneficio de las grandes mayorías.

Persisten en obstaculizar o hacer fracasar los planes de desarrollo, ralentizar las metas vitales en la actividad económica y en paralelo propagar el desespero y la falta de fe y de confianza en los proyectos sociales, no ya ilusionando a la gente con promesas de mejores formas de gobierno, sino, arremetiendo mediante el empleo de las archiconocidas políticas más crueles y despiadadas, sin menoscabo de sus efectos en los diferentes sustratos o clases sociales.

A fin de cuentas, un recrudecimiento de la guerra económica y cultural, una mezcla de golpes blandos y de métodos que favorezcan la geopolítica imperial; instaurar, en definitiva, un clima de desgaste, descontento e inconformidad con las opciones sociales y económicas, para propiciar un viraje ideológico, político y social que conduzca gradualmente a la derrota de los proyectos más justos que se han venido implementando en beneficio de los pueblos.

Sabemos que las revoluciones sociales tienen, en su esencia, capacidad para evaluar los fenómenos que las transgreden, depuran de sí los males que le son intrínsecos, resurgen y reorientan el camino; igual propósito deberán entonces prever en el factor unidad, no solo hacia lo interno de sus naciones, sino hacia la región o regiones donde se encumbran y persiguen objetivos comunes.

Y en ese empeño, deben asumir un protagonismo activo y responsable, sin arropamientos que las vislumbren con propósitos diferentes al frente común ante los fenómenos que las agreden y las enturbian, hacia la existencia de todos o la supervivencia misma.

A esa unidad, las naciones acuden despojadas de prejuicios, para integrarse y responder desde la valentía y la razón que les asiste, para refundar los vacíos que de soslayo aprovechan quienes les adversan para agredirlas y hacerlas sucumbir.

En la unidad, como principio, se advierten los peligros, se comparten las batallas y se celebran las victorias; se asumen los riesgos; el sacrificio ha de ser mutuo; las proyecciones, las metas y toda la conceptualización y estrategias comunes se afianzan, a través del debate y el análisis oportuno, en medio de la diversidad y lo que las pueda llevar a antagonizar.

En la Unidad está la fortaleza para la lucha contra los apátridas, los que ambicionan el poder en detrimento de las mayorías y por el bien de las minorías que les intenta arrebatar las riquezas y los bienes que han de ser comunes a todos los que la procuran.

No son tiempos para dejar que el descalabro se siembre, es preciso ir a la unidad desde la conciencia y la acción, resolviendo hacia lo interno de cada una de las revoluciones sociales que lo pretenden, los males que las han hecho flaquear o las han sometido a desgaste, o estremecer por flagelos nocivos, bajas pasiones, improvisaciones e innovaciones que nada tienen que ver con sus verdaderos objetivos y las alejan del cauce verdadero, por errores de todo tipo que las hacen ralentizar sus esfuerzos y propósitos.

En la ética y la praxis de las revoluciones sociales han de andar como fundamento la necesidad de la unidad, no solo hacia su simbiótica, sino a lo común de las naciones que sufren los embates de quienes apetecen excomulgarles sus bases ideológicas y someterlas, para nutrirse de sus recursos todos.

A decir de José Martí: “Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas…”. Y, si verdaderamente nuestros pueblos, guiados por sus hijos e hijas más preclaros, pretenden o aspiran a seguir teniendo Patria, que es igual a independencia y libertad, deben conferir al factor unidad, su acción toda que la favorezca y consolide, para que no se la carcoma los bárbaros.

Esa tiene que continuar siendo la divisa: ¡Unidad! ¡Unidad! y ¡Unidad!, en todos los frentes y proyectos sociales y de integración, para enfrentar los desafíos y seguir teniendo Patria, que es también tener dignidad, que es también garantía de vida y de inclusión social, de desarrollo armónico de nuestras economías y nuestros pueblos.

(Tomado de Sin Oropel ni Garufa)

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4 comentarios en “La unidad latinoamericana y caribeña, premisa por el bien común

  1. Sería maravilloso que nuestros países se unieran. Tenemos todo, recursos minerales, comida, recursos técnicos y humanos. Ese es el gran temor de EEUU, unidos seríamos una potencia independiente. Hay que luchar por ello!

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