Se busca amolador del sentido común


Juan Miguel Ochoa intenta conservar un oficio casi desaparecido en Holguín.
Juan Miguel Ochoa intenta conservar un oficio casi desaparecido en Holguín.

Por Luis Ernesto Ruiz Martínez. Esta es de las historias que irritan, porque si hay un oficio que la tradición lo mostró de aqui para allá, con su rueda a cuestas, para servir a los que perdieron el filo de sus tijeras, es el de amolador. No me los imagino montando un timbiriche en alguna vieja esquina, esperando por sus clientes, o estático  en medio de la calle, solo para satisfacer la imaginación infertil de algún funcionario, al que no le hacen falta las tijeras.

Ivonne Pérez, colega de la Universidad de Holguín, da seguimiento a un tema abordado a finales del 2016. El Ahora publica los abatares de Juan Miguel Ochoa, un amolador de tijeras de los pocos que quedan en Holguín . Desde entonces, nos cuenta ella, en lugar de ser perseguido por clientes necesitados de su servicio, es atormentado por inspectores que le auguraron una multa de 750 pesos si lo volvían a ver deambulando por las calles.

Pero mejor dejo que ella sea la que presente los detalles, y yo regreso al final con un breve comentario.

Juan Miguel especula que la foto que incluía la entrevista tiene algo que ver con todo lo que le ha pasado. Y no dejo de sentirme culpable porque, si bien la intención del trabajo no era hacer de él un personaje famoso, resulta que los amoladores ahora están en la mira de la Dirección Integral de Supervisión (DIS).

El problema, según los inspectores, es que la patente de esta actividad por cuenta propia debe establecer la denominación de amolador ambulatorio, de lo contrario, no pueden moverse por la ciudad. Entonces, no tienen más remedio que quedarse en un punto fijo y esperar “que la montaña venga a Mahoma”.

Juan Miguel vino a verme hace pocos días, casi desesperado. No puede entender como le limitan así un trabajo que ha desempeñado por más de 20 años, siempre desplazándose por todos los repartos de la ciudad, y por demás el único sostén de su familia. Ya realizó las reclamaciones pertinentes, pero ha recibido la misma respuesta, “si no dice ambulatorio no hay más que hablar”. Se ha visto tentado a darse sus escapadas, pero le invade el temor de ser atrapado infraganti.

A los amoladores históricamente se les ha visto transitar por las calles de toda Cuba y, desde 1843, se le reconoce como comerciantes ambulantes. Lo curioso es que ahora se pretenda redefinir este oficio tradicional de más de 200 años. ¿Cómo imaginan que un amolador pueda ganarse la vida desde el portal de su casa? En dos días los instrumentos del barrio entero tendrían filo y después… Estoy segura que pocos iríamos a Alcides Pino con cuchillos y tijeras en la jaba, aunque este amolador fuera el mejor de Holguín.

A mi juicio, se trata de un malentendido, una incorrecta interpretación o quizás de una imprecisión en las regulaciones del trabajo por cuenta propia. A partir del 2003 cuando se emite la resolución 41 y 42, con vistas a garantizar ordenamiento y control de las actividades por cuenta propia, se estableció apellidar algunas. Por ejemplo, vendedor de alimentos de forma ambulatoria, carretillero de forma ambulatoria y así sucesivamente, ya que se puede realizar estos trabajos en dos modalidades. Sin embargo, cuando se creó la resolución, todo indica, que nadie tuvo en cuenta el amolador. No creo que la omisión sea cuestión de olvido, pues se sobreentiende que esta actividad centenaria, de los que todos tenemos referencia, hace mucho dejó claro sus rasgos distintivos.

Así que Juan Miguel es hombre que nació para hacer historia pues, lamentablemente, fue el primer amolador al que le revisan los documentos y le detectanun “fallo” que no tiene culpables, pero sí víctimas. Y no digo que se viole lo establecido, pero hay que analizar cada contexto, revisar la historia si es preciso, paraser más justos y evitar absurdas confusiones.

Si alguien no revisa con otros ojos las nuevas regulaciones de la actividad no estatal, acabaré por borrar de mis recuerdos aquella imagen cautivadora donde conocí a Juan Miguel, con la Periquera de fondo y el inconfundible sonido del amolador de tijeras amenizando el despertar de mi ciudad.

Mi visión: he escuchado que a veces “el sentido común es el menos común de los sentidos”, pero en este caso se evidencia falta de sensibilidad y una actitud extremista, que desconoce una de las tradiciones que alegraba a no pocos niños en nuestras ciudades yu resolvía problemas a varios miembros de la familia.

Nos quejamos de que los jóvenes no quieren aprender oficios, y es verdad en muchos de ellos, pero cuando alguno lo intenta, se enfrenta a este tipo de situaciones incomprendibles. Fidel fue claro, “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, lo que sigo comprobando que al parecer sus palabras solo las comprendemos algunos pocos.

De que a veces nos pasamos, hace rato no tengo dudas. Ojalá logremos rectificar, aunque ya no será a tiempo, ni de sabios.

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4 thoughts on “Se busca amolador del sentido común

  1. Luis Ernesto:

    ¿Te das cuenta de la “ingenua” manera de hacer daño a LOS DUEÑOS que tienen los burócratas?

    Igual son los “ensayos” de cosas, comprobadas como eficientes, desde hace más de 800 años por la burguesía… No se reconoce la Crítica de “Cien años de soledad”, como en Macondo, se sigue “descubriendo” el hielo.

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  2. Este afilador,deberia obtener sin ninguna complicación burocratica su permiso de ambulante,para ganarse la vida honradamente..Es increíble que lo traten de multar como si fuese un delincuente..¿que perjuicios causa a la sociedad con su trabajo de ambulante y porque los mas humildes son siempre las victimas de reglamentos y trabas administrativas,ect.?Ademas,es una herencia cultural del pasado,con su carga romántica y costumbrista que es algo a conservar..!
    Desde Madrid,y con todo el respeto a las normas Cubanas,apoyo a este trabajador..
    El texto me parece impecable..Saludos Comunistas.Tomas.

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