Lola


Lola con una estudiante del instituto preuniversitario Jesús Menéndez en la ciudad de Holguín. Foto: Malena Almarales
Lola con una estudiante del instituto preuniversitario Jesús Menéndez en la ciudad de Holguín. Foto: Malena Almarales

Por Luis Ernesto Ruiz Martínez. Corrían los primeros días de septiembre de 1996. El recién graduado que fui entonces, pretendió “hacerse el maestro” en el Pre Mario Martínez Arará del llamado Plan Sandrés, ubicado en el municipio Calixto García. Entre mis acompañantes en aquellos viajes matutinos y vespertinos estaba Lola, la profe que ante cada curva lanzaba su inevitable grito dentro de la mole de hierro que nos llevaba y tría. Al llegar, a veces sin saber cómo, olvidaba el susto e iba, presurosa, a su templo de sabiduría y amor.

Después la vi algunas veces y conversamos de lo humano y lo divino. Siempre salían, irremediablemente, dos temas: el susto en las pronunciadas curvas de la carretera y su pasión por educar. Hoy, me han recordado a Lola.

Dolores Domínguez con el uniforme de alfabetizadora. Foto: Cortesía de la profesora
Dolores Domínguez con el uniforme de alfabetizadora. Foto: Cortesía de la profesora

La joven periodista Malena Almarales Rodríguez, publica en Radio Angulo el artículo Lola: Enseñar es regocijo, satisfacción, donde confirma que la eterna alfabetizadora Dolores Domínguez Rodríguez no concibe su vida fuera de una escuela, por eso cuando le llegó la jubilación, no dudó en reincorporarse a las aulas y de eso han pasado ya cuatro años.

En sus declaraciones se resume parte del sentir de miles de educadores holguineros:

“Pienso que el maestro debe tener mayor reconocimiento social. Ser maestro no es cualquier cosa porque es el que tiene el accionar mayor para todo lo que se va a desarrollar en el futuro, porque sin maestros no hay médicos, ingenieros, el maestro es el que forma a todos desde el punto de vista intelectual y educativo. El maestro educa. ¿Habrá un accionar más grande en el mundo que ese? Si los maestros tuvieran mayor reconocimiento social los muchachos de ahora se sentirían más motivados por la profesión”.

Como Malena, creo que a la profe Lola se le notan mucho los años, aunque para serles sincero, no tanto como yo pensaba, pero su corazón y su mente continúan jóvenes como esos cientos de muchachas y muchachos a los que ha dedicado cada año de su vida.

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