#FidelEnCasa: ahora nos toca fundar y amar


Los holguineros despiden a Fidel en el Trébol de la Carretera Central. Foto: Carlos Rafael Díaz
Los holguineros despiden a Fidel en el Trébol de la Carretera Central. Foto: Carlos Rafael Díaz

Por Liudmila Peña Herrera. No saben qué destino toma una lágrima cuando no se seca en la mejilla de una anciana. No pueden explicar a dónde va el amor de un niño cuando se pinta en la frente, en las mejillas, en los brazos… un nombre de guerrero. No comprenden qué sabor tendrá el adiós cuando se agitan las banderas del recuerdo o se enciende una vela para iluminar los caminos venideros. Quien no conoce por dentro a Cuba -o a los cubanos- no se atreve a abrirse el corazón y dejar que entre el aluvión de sentimientos que nos sobreviene.

“Is this Fidel?”, me preguntó aquel suizo desconocido mirando al televisor y, de pronto, se puso a calcular en qué ciudad le alcanzaría el tiempo para presenciar el paso del cortejo fúnebre. “A great man”, me dijo el extranjero conmovido y se marchó diciendo “gracias” y tocándose el pecho con la palma abierta.

Después me pareció distinguirlo entre los vacacionistas foráneos a quienes sorprendió la noticia en nuestra Isla y quisieron llegarse este 2 de diciembre hasta la parte de la carretera central que atraviesa Holguín. Sentados en las aceras, en el suelo… como cualquiera de los cubanos, esperaban al filo de las once de la mañana con banderas tricolores y sus cámaras en ristre, para ver pasar la Historia.

La Historia que provocó la inquietud de quienes debían trabajar pero no querían perderse la oportunidad del último homenaje; la Historia, que movió a los padres a cargar con los pequeños en los hombros para que un día lejano recuerden que la “Caravana de la Libertad” pasó de retorno a Santiago de Cuba, llevándose a un guía hacia la eternidad; la Historia, muchacha apasionada, que se adueñó de Fidel en un beso de amor y no creo que haya nunca quien pueda arrebatárselo.

El zinc del techo a donde nos subimos temblaba bajo mis pies. Temblaba tanto como mi corazón, como las manos del amigo “Rodo”, mientras sostenía su celular para grabar la caravana. Fueron cinco segundos. ¿Cómo puede un sentimiento atraparte solamente en cinco segundos? ¿Cómo es que crees que te va a matar la emoción en tan solo cinco segundos? ¿Cómo es que uno se olvida por cinco segundos de todo y se concentra en una bandera y en una leyenda? Yo sí tuve que aquietar mi corazón, tuve que decirle: “tranquilo”; pero sin tristezas. Holguín fue este viernes, otra vez, la casa-Patria de Fidel. Esta tarde, el pueblo se llenó del Comandante.

¿Y después?, ¿qué será del después? Dicen que hay que escuchar la voz del pueblo para encontrar la verdad. Hay que salir a las calles y atender los símbolos, las señales… Dicen los expertos -no en semiótica, sino en sentimientos- que después de Fidel, ya empezaron a nacer niños con su nombre, que ahora, a nosotros, nos toca fundar y amar.

(Tomado del blog Poesía de isla)

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