Nuestros estudiantes e hijos continuarán la obra de la Revolución


Fidel recibe el tributo de su pueblo.
Fidel recibe el tributo de su pueblo.

Por Dagoberto Mariño Blanco*. Cuando Cuba y el mundo rinden tributo al líder histórico de la Revolución Cubana, al Comandante en Jefe Fidel Castro, muchos amigos y otros no tan amigos en muchas partes del mundo, están preocupados por la continuidad de la Revolución Cubana.

Para la mayoría de los cubanos, que aprendimos a valorar cada día más lo que hemos logrado como proyecto social y lo que realmente es necesario para cada ser humano, sabemos que perder físicamente a Fidel, más que desalentarnos o temer por el futuro de Cuba, nos compromete mucho más a luchar porque su legado no muera.

Hoy, más que nunca, las ideas de Fidel, su legado y pensamiento, servirán de fuerza moral para guiar, perfeccionar y mantener la continuidad de la Revolución Socialista de los humildes y para los humildes.

Para los que siempre han estado preocupados por el futuro de Cuba y su Revolución, luego de la pérdida física de Fidel y los líderes históricos de la Revolución Cubana, permítanme compartir las palabras de un excelente profesor durante mi carrera universitaria, ante una pregunta similar en unos de los países que visitó:

Yo pudiera explicarles muchas razones, algunas solo comprendidas para los cubanos, que me permiten afirmarles que la continuidad de la Revolución está asegurada. Sin embargo, permítanme tan solo poner como ejemplo que yo con más de 55 años de edad, ahora soy subordinado de varios jóvenes que fueron, en diferentes momentos, mis estudiantes. Ellos, en la actualidad, nos han superado en todo lo que habíamos logrado en cuanto a preparación científica, metodológica y hasta en su formación ideológica. Pero como este ejemplo, tenemos en todas partes de Cuba, en todos los sectores y esferas de la sociedad.”

Pudiera parecer tan elemental que quizás no sirviera de argumento para la mayoría de los que no conocen a Cuba, pero para los que saben que en la isla no existe distinción de raza, sexo, creencia religiosa o posición económica para ser seleccionado como delegado de una circunscripción, director de una escuela, jefe de una fábrica, secretario del partido de un municipio o diputado a la Asamblea Nacional, y que solo importan los méritos reconocidos por sus trabajadores para ocupar cualquier cargo, se percatan de que la continuidad de la Revolución está asegurada.

Algunas personas creen que, con la muerte de Fidel, sus ideas pueden morir también y que las nuevas generaciones no serán fieles a sus ideales. Les confieso que hoy estoy más convencido que nunca que el legado de Fidel y el futuro de la Revolución están garantizados. Basta ver la espontaneidad con que han reaccionado los jóvenes para decir presente en todos los espacios donde hemos rendido tributo a Fidel.

Son los mismos jóvenes de los que en ocasiones escuchamos decir que no tienen compromiso, que no se involucran en determinadas actividades o que se encuentran enajenados por la tecnología. A esos mismos fue a los que vi llegar sudorosos al tributo a Fidel, luego de una gran caminata desde sus escuelas, o estaban en el cordón de seguridad organizando las largas filas de la población, los que llegaron con banderas cubanas y del 26 de julio, los que gritaban: ¡Viva Fidel! ¡Viva la Revolución Cubana!, los que salían llorando luego de rendirle tributo al Comandante.

Nuestros niños también han dado muestras del amor por Fidel y lo que él defendió. Mi niña de 11 años de edad (que no convive conmigo), fue quien me llamó muy tempranito en la mañana del sábado 26 de noviembre para decirme, entre lágrimas: “Papi, murió Fidel”.

Tenía razón mi profesor universitario cuando afirmaba que nuestros estudiantes nos superaron, que son mejores profesionales y están mejor formados ideológicamente. Al sentir ahora, quienes nos consideramos revolucionarios, que nuestros hijos aman a Cuba y a Fidel tanto o más de lo que lo hicimos nosotros a su edad, puedo afirmar con toda convicción que la continuidad de la Revolución está asegurada, porque existen millones de estudiantes e hijos que tienen excelentes profesores y padres, capaces de llevarlos a ser mejores que nosotros.

Dagoberto Mariño Blanco es Doctor en Ciencias Pedagógicas y profesor del Departamento de Recursos para el Aprendizaje de la Universidad de Holguín.

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