¿Tiempos perfectos?


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Por María Caridad Martínez Peregrín. Los tiempos cambian, y si lo duda, consulte un libro de Español-Literatura, donde es común encontrarse conjugaciones verbales en pasado o pretérito, presente, futuro, copretérito, pospretérito y muchos más. No pretendo dar una clase de Español, claro está, pero de que los tiempos cambian, cambian, y no solo en ejercicios de esta asignatura.

Lo compruebo cada día dentro del ámbito académico de un preuniversitario, a donde la maestra que llevo dentro me alentó iniciar una difícil travesía en el mundo de la docencia.

Confieso, no es fácil, y nunca pensé que lo fuera, pero lo que más me impresiona es observar cómo la tecnología ha cambiado las maneras de pensar y actuar de los estudiantes de hoy.

En mis tiempos de pre, y no hace tanto salí de allí, tras el inicio del curso escolar les caíamos atrás a los profes para copiar el horario “a mano” e incluso una colega me comenta que ella disponía de una sola libreta para el horario, el cual recibía cambios en más de una ocasión.

Si te ausentabas del aula por cualquier motivo, le pedías prestadas las libretas a un compañero y copiabas las clases. Las obras clásicas como Don Quijote de la Mancha o Romeo y Julieta llegaban a nuestras manos en papel y tinta.

Hoy, la mayoría de mis alumnos, que ninguno pasa de los 15 años, poseen tabletas o teléfonos inteligentes, los cuales han transformado las rutinas académicas tradicionales. Ya no copian horarios ni clases, simplemente les toman fotos y las comparten entre ellos a través del Zapia, Bluetooth o mensajes multimedias.

¿Y los clásicos? Ante la ausencia de los libros de “papel y tinta” disponibles para todos, esta profe se brinda a traérselos en formato digital, mientras ellos me piden que sean compatibles con Androide. Ni el mismísimo Homero se hubiera imaginado que su Ilíada estaría entre aplicaciones de juegos, música y videos.

Mis alumnos son la expresión de los tiempos modernos, de ese presente en el que la tecnología ha invadido espacios de la vida, rutinas y ámbitos sociales; y ha transformado el universo estudiantil de adolescentes y jóvenes.

Situación que hace sentirte de antaño, aunque solo tengas 24 años, y conlleva a preguntarte o cuestionarte cómo será el futuro de la enseñanza o si la tiza, pizarra y borrador serán sustituidos algún día por dispositivos tecnológicos.

Comprendo que los de mí generación nos comportábamos de acuerdo con las circunstancias y el contexto en que nos tocó vivir, pues entonces un celular era prácticamente un objeto desconocido. No fueron tiempos perfectos, ahora tampoco lo son, pero el preuniversitario nos preparó para el futuro y espero que para esta “generación digital” sea también así.

Algo no ha cambiado, y es el papel del maestro, ese que ninguna tecnología puede sustituir. La preparación constante y la responsabilidad que tienen ante sí cuando están frente al aula, constituye un reto desafiante. Formar a sus alumnos, educarlos y guiarlos hacia la dirección correcta es el principal objetivo.

Estoy de acuerdo con que la tecnología se utilice en el desarrollo y bien común, pero no debemos permitir que se apodere de nuestras vidas o remplace a personas y relaciones humanas. Por eso, les llamo la atención a mis estudiantes por el uso inapropiado del celular en clase; sin embargo, ellos me siguen demostrando que los tiempos como las sociedades, cambian.

(Tomado del blog Vista Holguín)

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