Son tiempos de ahorrar


Imagen tomada de internet.
Imagen tomada de internet.

Por Lautaro Fucik. Cuando algo se tiene, no se piensa mucho en la necesidad de ahorrar. Se ha dicho tantas veces que los bienes son escasos, que los recursos que la naturaleza contiene y provee son finitos, a saber, el agua y otras fuentes de energía; diversas materias primas, minerales, etc.; bosques y recursos del mar. Nada es infinito.

Se ignora si el planeta que habitamos tenga fecha de expiración, tal vez sí tenga plazo. Todo lo material fenece.

La humanidad ha realizado una explotación irracional de los recursos existentes, algunos ya extintos. No ha habido mensura en la extracción y en el consumo de muchas especies, tantas ya desaparecidas de la faz del planeta. Escasa o ninguna conciencia de esta derrochadora especie humana.

Apelando a lo más elemental se observa que en los hogares permanecen innecesariamente en pleno día luces encendidas, radios, computadores y televisores, también el agua suele escurrir sin medida vía llaves o filtraciones. Nada parece importar. Son conductas y malos hábitos.

Existen territorios en este mundo cuyos habitantes carecen de agua, algo así como mil millones de personas no cuentan con tan vital elemento. Tal vez llegue el día en que regalar un vaso de agua sea lo más preciado.

Son tiempos de ahorrar, de prevenir. La sociedad humana vive una espiral de crisis prácticamente en todas las áreas, ninguna parece escapar a ese flagelo mundial.

El agua es un bien que pertenece a la humanidad, nadie puede apropiarse de ella ni menos lucrar con ese recurso, tampoco de otros que son patrimonio. Las comunidades a nivel mundial han de hacer valer el derecho al usufructo del agua sobre la base del respeto a ese bien, la conciencia y la racionalidad en el consumo.

Educar es la vía, el medio para la toma de conciencia sobre la imperiosa necesidad de ahorrar en el uso de todos los recursos naturales que aún existen en nuestro planeta. Los buenos ejemplos, que los hay, deben difundirse, imitarse.

Todos debieran conocer aquella Carta del Jefe Seattle, de la tribu Suwamish, escrita en 1855, en respuesta al Presidente de los Estados Unidos que ofrecía comprarles sus tierras. Documento que contiene profundas y categóricas reflexiones y advertencias, a saber, algunas de ellas: ” Los ríos son nuestros hermanos “. ( …) ” La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra “.( …) ” Lo que ocurra a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. ” Concluye esa bella Carta con dos preguntas y una afirmación que hace el Jefe Seattle: ” ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza el sobrevivir”.

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