Entre Ciencia y Juventud


Foto: Abel Rojas Barallobre
Foto: Abel Rojas Barallobre

Por: Ana Isabel Peñate Leiva. Aún están frescos los aires del Congreso Internacional de Investigadores sobre Juventud, que tuvo por sede el Palacio de las Convenciones de la capital cubana. Convocado por el Centro de Estudios Sobre la Juventud, esta práctica de socialización de los resultados investigativos, da continuidad a una experiencia iniciada por la institución en 1977, cuando tuvo lugar la Primera Reunión Nacional de Investigadores sobre Juventud.

En respuesta al eje convocante: Adolescentes y jóvenes: desafíos y posibilidades en la agenda global del desarrollo, se dieron cita en La Habana estudiosos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, España, EEUU, México, Nicaragua, Rumanía, Ucrania, Uruguay, Venezuela y Cuba, quienes junto a representantes de Fondos, Agencias y Programas del Sistema de las Naciones Unidas, la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), debatieron acerca de las realidades que hoy viven las poblaciones jóvenes en diferentes puntos del planeta.

Entre los temas debatidos resaltan las Políticas de Juventud, las que además de tener un carácter universal y generalizador, no pueden dejar de contemplar las particularidades que distinguen a las juventudes, en tanto grupo heterogéneo. El papel de la familia y otros entes sociales en el proceso de educación de la sexualidad desde edades tempranas, para así contribuir a potenciar comportamientos responsables en esta importante esfera de la vida. La marginación y exclusión social a que están condenadas las poblaciones jóvenes en diferentes contextos latinoamericanos fue otro punto de análisis. La edad se erige como un indicador de exclusión en muchos espacios; lo que entronca con la vulneración de los derechos de estos grupos. Justamente, sobre los derechos humanos, se identificaron los entornos protectores de los mismos, a la vez que se condenaron aquellos que dificultan su cumplimiento y respeto.

Fueron reconocidas las tendencias actuales de la migración juvenil; la pérdida de fuerza de trabajo calificada para los países emisores, destacándose sobre todo, el caso cubano; y las particularidades de los migrantes respecto a las poblaciones de los países receptores. Sobre el empleo juvenil se discutió acerca de las garantías del Estado en la ubicación de los graduados universitarios, así como los riesgos que entraña el empleo no estatal en materia de protección a los derechos de los trabajadores jóvenes. Se reveló la necesidad de la capacitación a maestros y familias para que puedan desarrollar con efectividad acciones que prevengan las adicciones a sustancias tóxicas entre los más jóvenes. Se reconoció la influencia de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) en el sistema de relaciones de los jóvenes y la necesidad de fomentar las posibilidades de acceso a las mismas.

Entre las actividades colaterales merece atención la presentación de textos científicos. CLACSO, desde la voz del entrañable amigo Pablo Vonmaro, difundió las obras: Juventudes y políticas en la Argentina y en América Latina. Tendencias, conflictos y desafíos; En busca de las condiciones juveniles latinoamericanas y Juventudes latinoamericanas. Prácticas socioculturales y políticas públicas. También desde el sur nos llegó la argentina Andrea Bonvillani con: Callejeando la alegría. Etnografía colectiva de la Marcha de la Gorra. México estuvo presente con: Actores, redes y desafíos. Juventudes e infancias en América Latina, de Alberto Hernández; y El sistema es antinosotros. Cultura, movimientos y resistencias juveniles y Juvenicidio: Ayotzinapa y las vidas precarias en América Latina, del reconocido José Manuel Valenzuela. El país anfitrión tuvo a su cargo la presentación de: Participación cultural de la adolescencia en Cuba. Expresiones y claves para su comprensión, de un colectivo de autores del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y el Compendio de la Revista Estudio, publicación seriada del Centro de Estudios Sobre la Juventud que recoge 18 números, 147 artículos y 16 reseñas de libros.

Sin dudas, la exposición de resultados, su análisis y discusión exige de propuestas que contribuyan a transformar realidades, donde infantes, adolescentes y jóvenes les corresponde ser considerados agentes de y para el cambio y no como meros objetos de estudio. Pero también se revela lo imprescindible de una ciencia comprometida con las realidades diversas de las poblaciones jóvenes y que sus resultados sean tenidos en cuenta por los tomadores de decisiones en el diseño e implementación de políticas públicas mucho más acordes y coherentes con las necesidades y demandas, siempre crecientes y cambiantes de estas poblaciones.

(Tomado del blog Futuro cubano)

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