Candela… pero, gracias por el fuego


Por Alexis Rojas Aguilera. El fuego contribuyó, a no dudarlo, a transformar al mono en hombre, desde los albores de la vida, pero aún antes, jugaba un papel primordial en los procesos de todo tipo que ocurrían en el planeta, como uno de los modeladores del medio ambiente, ora positivo, ora negativo.

Así fue, así será. Por tal motivo no perder de vista al fuego, resulta una actividad esencial para el hombre moderno, por sus beneficios y sus perjuicios, que son muchos, en ambos casos, aunque no lo parezca.

Pero no me voy a detener, en las múltiples aplicaciones de este bendito-maldito, hijo de la combustión de sustancias oxigenadas, con Dios y todo en el Altar Greco-Latino y presente en la totalidad de las culturas de una manera u otra, sino apenas apuntaré algunas de sus implicaciones para el entorno ambiental.

Digamos que lo más visto, por ejemplo, son los efectos negativos de los incendios forestales, por la destrucción de ecosistemas, en particular del contenido orgánico del suelo y de la belleza escénica, los cambios provocados en el ciclo hídrico de las áreas quemadas, la modificación del hábitat natural y la mortalidad de la fauna.

También por la contaminación atmosférica, la pérdida de productos maderables del bosque, el escurrimiento y la erosión de los suelos, el arrastre de nutrientes y minerales, la alteración de las arcillas del suelo y la pérdida de nutrientes en general.

Sin embargo, ciertas especies establecen dependencia con el fuego, mediante el desarrollo de adaptaciones, no sólo para sobrevivir, sino también para responder a éste reproductivamente, como la Bulbostylus paradoxa, especie de cobertura del suelo común en las sabanas de América Central y Sudamérica.

Igualmente para algunas, el fuego es necesario para mantener la biodiversidad, pues si se modifica el régimen de fuego, cambia el ecosistema y los ambientes naturales y sus especies se pierden.

Del mismo modo los hay bien sensibles al fuego, pues la flora y la fauna de ellos carecen de adaptaciones que les permitan responder de manera positiva a tales eventos o recuperarse con rapidez.

En tales circunstancias, la candela influye en la estructura y tamaño de los ecosistemas y gravita en la abundancia relativa de especies, por lo que cuando son intensos, frecuentes y de larga duración causan daños irreversibles.

Pero además hay ecosistemas independientes del fuego, donde este no produce grandes daños debido principalmente a la falta de vegetación, principal fuente de ignición. O están en lugares demasiado fríos, demasiado secos o excesivamente húmedos para arder.

Con el fuego, hay de todo. “Del pe al pa”. Por ello, meditando y para no quemarme, recordé el título de una gran novela de Mario Benedetti: Gracias por el fuego. Sin fuego, pro y contras, nada seríamos.

(Tomado de ahora.cu)

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