Para que nadie se ilusione


Por Arthur González. Lo mejor para Estados Unidos y Cuba es lograr algún día relaciones normales, situación que la isla nunca ha conocido desde su independencia de España en 1902, pues el vecino del Norte siempre aspiró a ser el dueño y señor del archipiélago mayor de las Antillas.

Así lo recoge la historia desde que, en 1802, el gobernador de Mississippi, William C. Claiborne, en carta al presidente Thomas Jefferson, le decía:

“…nada deseo más que ver la bandera de mi país ondeando sobre el castillo de El Morro. Cuba es la entrada real del Mississippi, y la nación que la posea puede en el futuro mandar en el hemisferio occidental”.

Hasta 1820, Jefferson consideraba que “Cuba era la adición más interesante que jamás pudiera hacerse para nuestro sistema de estados…debemos, a la primera oportunidad, apoderarnos de Cuba”.

Después de restablecidas las relaciones diplomáticas el 17.12.2014, no se perciben indicios sólidos de que ambas naciones puedan llegar a normalizar sus relaciones, a pesar de que el Presidente Barack Obama, diga lo contrario.

El obstáculo principal es la permanencia del criminal Bloqueo económico, comercial y financiero, que Estados Unidos insiste en disfrazar de embargo, cuando sus documentos desclasificados de 1962 lo conceptúan como: una “guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país”.

Adicionalmente existen otros impedimentos con la existencia de la Base Naval en el territorio de Guantánamo, resultante de la imposición de un apéndice a la primera constitución de la naciente república cubana en 1901, conocida como Enmienda Platt, nombre tomado del senador Orville Platt, quien la propuso al presidente estadounidense.

Para que nadie se llame a engaño y sueñe con esa normalización de relaciones, que según declaró el Presidente Obama, se logrará durante su reciente anuncio de su visita a Cuba el próximo mes de marzo, la aun secretaria adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Roberta Jacobson, lo dejó bien esclarecido durante su testimonio el 16.02.2016 ante el Comité de Asuntos de Exteriores de la Cámara de Representantes, un día después de haberlo realizado ante el subcomité para Asuntos del Hemisferio Occidental del Senado.

En su descargo la señora Jacobson, aseguró con fuerza irrefutable que:

“Estados Unidos no entregará a Cuba, la Base Naval en Guantánamo, ni tampoco cerrará (las ilegales y subversivas) Radio y TV Martí, añadiendo que “mi gobierno no está interesado en discutir esa cuestión, y el asunto de Guantánamo no está sobre la mesa en estas conversaciones”.

Como se conoce, ella es la responsable de las negociaciones con las autoridades cubanas para el restablecimiento de relaciones bilaterales entre Washington y La Habana, por lo que está envestida de facultades para emitir tales criterios.

Subvertir políticamente a la población cubana es un propósito histórico desde el mismo 1959, cuando triunfó la Revolución encabezada por Fidel Castro, y Radio y TV Martí fueron creadas precisamente con ese fin, bajo los argumentos de “promover una sociedad abierta y plural en Cuba”, algo que nunca intentaron hacer durante la tiranía sangrienta de Fulgencio Batista.

Ambas emisoras han costado a los contribuyentes estadounidenses en los últimos 30 años, 770 millones de dólares, y este 2016 les costará otros 27 millones de dólares más, según afirmó la congresista demócrata Betty McCollum, cuando a finales del pasado mes de enero presentó un proyecto de ley ante la Cámara de Representantes para cerrar los dos medios.

Por tanto, Obama podrá visitar la Habana, disfrutar de sus encantos, de la hospitalidad de su pueblo, comprender lo disparatada que es la política de querer rendir por hambre y enfermedades a los cubanos, pero nada de eso hará derribar el alto y sólido muro del bloqueo económico, comercial y financiero, sostenido además por la Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas, o Ley Libertad, aprobadas en 1996, más conocida como Ley Helms Burton.

Ante situaciones similares José Martí expresó:

“Los ensueños de la imaginación no valen gran cosa cuando es preciso ejercitar el pensamiento”.

(Tomado del blog  Heraldo cubano)

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