Tiempo


Por Jorge Suñol Robles*. Un trovador dice que los días son como un secreto, van como el paso de algún cometa. Y sí, a veces no nos damos cuenta. Se despide con su guitarra, pero antes recuerda que todo es cuestión de elegir, de conocer el hombro en que lloramos. Y le creo; profundamente, le creo.

Las horas pasan. Los segundos y minutos se vuelven cómplices. El reloj “canta” las 12. Sin parar, percibe a la gente, alarma, disfruta, contempla la ciudad, que hoy decidió despertar más hermosa que nunca. Personas van y vienen. Caminan frente a él. Lo miran discreto. Comprueban su tiempo y si no coincide con el que traen en la mano o en otra parte, lo ajustan.

Unos se dan cuenta que ya es tarde para su café. Mejor, un refresco frío, para aliviar este calor. Otros se apuran para llegar temprano a algún sitio. A esos, siempre se les pegan las sábanas. Algunos, como yo, prefieren esperar en un banco, en una parada, leyendo un libro; porque la paciencia es una de sus virtudes o porque quizá, su “agenda”, no esté tan apretada. Los más “amorosos” deciden besarse, al parecer se adoran tal y como son. Mientras, aquel reloj permanece, velando, marcando los años, las canas, los silencios, las verdades, los misterios.

A una le salen arrugas. Al otro los dientes de leche. El adolescente quiere “materializar”. El viejo que está lleno de achaques, pero igual vive feliz. La niña que da su primer beso. El joven universitario que “enloquece” con tantos seminarios. La madre que corre para abrazar a su hijo. La abuela que se va, hacia otro mundo, más puro y limpio, sin decir adiós. Todos, somos parte de él, de ese tiempo, en ocasiones tan corto y rápido, tan cercano o distante, tan frágil y fuerte.

Lo que no ha hecho y cree que lo hará feliz y será para su bien, hágalo. Corra si tiene ganas de correr. Camine, respire y piense profundo, en sus virtudes, sus defectos y cómo hacer para superarse y convertirse en mejor persona. Si esconde algo, por alguna razón que sea, desahóguese. Si la vida le impone obstáculos, enfréntese. Si está tiste y tiene deseos de llorar, llore y cuando se sienta con ganas y el reloj marque la hora precisa, el momento oportuno, será la fecha para conquistar a este mundo diverso, repleto de historias.

Entonces, aquel reloj tan antiguo, que se erige detrás de un hermoso Angelote, dentro de una Iglesia Católica y en un parque al que todos llamamos “San José”, seguirá su curso, anunciando eso que nombramos “tiempo”, tan vivo, tan infinito. Y por mucho que suene a frase manida: el mañana es incierto, anda, no dejes para después lo que puedes hacer en estos instantes, mientras me estás leyendo.

(Jorge Suñol Robles es estudiante de periodismo. Tomado de Radio Angulo)

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