Precios nuestros que están en los cielos…


Por Isis Sánchez Galano. “Lo mío” no son las Matemáticas, por eso, jabas en mano y mucho menos efectivo para llenarlas, mi esposo tiene la misión, cada domingo, de “estirar” el sueldo frente a la “oferta y demanda” en el Mercado Los Chinos de esta ciudad y pertrechar de “balas” alimenticias el hogar para el resto de la semana.

El infarto ante el valor ascendente de los alimentos sobreviene siempre. Dos salarios de noveles trabajadores pierden en muchas ocasiones la pelea ante el plátano a tres pesos, los frijoles negros a 15 la libra, el arroz de cinco a ocho, o la carne a 27; sin mencionar que nuestro paladar -quizá para ayudarnos- se priva de degustar otros productos más “refinados”, pues los saldos parecen encaramados en la luna.

¿Será qué hay que pagar también por la siembra, los fertilizantes y hasta por el combustible para transportar los productos agrícolas? ¿Acaso es oferta y demanda la uniformidad de precios?

Como advertí al comienzo, mi profesión es básicamente de letras y mi criterio no roza la especialización; sin embargo, no hay que ser entendido en la materia para deducir que en la cadena producción-comercialización-consumidores intervienen diferentes factores que inciden en el divorcio actual entre las altas tarifas de los alimentos y el bolsillo del pueblo.

Por un lado, los pequeños agricultores y usufructuarios del territorio, núcleo inicial de todo el proceso, que sortean limitaciones, escasez y regalan con entusiasmo tesón a la tierra, sí tienen producciones decorosas. Entonces, ¿por qué esos resultados son intermitentes todavía en la mesa de los holguineros?

Algunos productores, en aras de ahorrarse trámites burocráticos que suelen padecer todavía para cobrar su esfuerzo o los famosos impagos, venden al por mayor a particulares que pagan el producto en efectivo y por encima del valor fijado con el Estado, pese a que el campesinado cubano tiene un deber social que difiere de esta acción. El receptor sube un poco el costo de lo adquirido y así lo oferta a la población.

No obstante, enfocar a los intermediarios -dígase revendedores, carretilleros, u otros-, como los autores intelectuales del incremento de los precios agropecuarios, tampoco es absoluto, pues si bien han distorsionado las leyes de mercado con abusos y hasta guapería, no son los encargados en topar un precio razonable a la mercancía que ofrecen, y de hacerlo necesitan en la nuca el ojo supervisor de los cuerpos de inspección que no siempre actúan de forma correcta.

Una arista del problema se presencia además en las empresas del sistema de la Agricultura, que a pesar de “apadrinar” a las formas productivas, aún carecen de sistematicidad para ofrecer insumos, paquete tecnológico e implementos agrícolas, capacitación a los productores, incluso control, exigencia e inspección constante del trabajo de sus contribuyentes.

Asimismo, un papel destacado lo tiene la “llevada y traída” ley de oferta y demanda, aplicada a conveniencia, cuando lo razonable es una propuesta diferenciada en calidad y precio, donde el comprador escoge la opción, según su solvencia, contrario a como ha ocurrido hasta ahora: o compras y dejas la cartera herida, o regresas a casa con la jaba “deshabilitada”.

Lo cierto es que la cuenta no da y el fenómeno exige urgencia. Por ello, diversificar las producciones, diseñar cosechas con respaldo de recursos, topar precios minoristas y mayoristas, cumplir los contratos y la comercialización, fueron algunas de las ideas debatidas en Holguín durante dos días la pasada semana, en un encuentro realizado con más de 200 productores y las máximas autoridades gubernamentales y partidistas de la provincia, con el objetivo de aplicar, en el escenario agrícola holguinero, nuevas estrategias que permitan disminuir el valor que han adquirido los alimentos en mercados agropecuarios y punto de ventas particulares del territorio.

Resulta evidente que hay que seguir trabajando para entregarle al pueblo los alimentos que se producen en nuestro suelo, con un coto en los precios y sin ineficiencias, desconocimiento e impunidad ante el mal trabajo. El consumidor debe ser protegido desde el surco y a cada una de las estructuras estatales hay que exigirle la cuota que le corresponde. Este puede ser un buen momento para el despegue, entonces, “ayer” es la mejor ocasión para comenzar a cumplir los planes de este año y demostrar cuánta razón se tiene: un socialismo próspero y sostenible es posible.

(Tomado de Ahora)

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2 comentarios en “Precios nuestros que están en los cielos…

  1. Es cierto y muy doloroso pero real que ya hoy en dia estos mercados no estan a la altura de un trabajador estatal, la Oferta y demanda se ha convertido en una axcusa para abusar del consumidor. Como lo dispuso el General de Ejército Raul castro en la clausura de la Asamblea esto es un problema que debemos solucionar con urgencia y no podemos dejarselos en las manos a las autoridades locales solamente sino que cada cubano revolucionario si está de alguna manera vinculado a esta tarea debe velar por que se le de solución.

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  2. Es imperioso que el Estado tome cartas en el asunto y adelante campañas firmes que apoyen al productor agrícola, que mejoren sus condiciones de vida, que controlen todo el proceso que va desde la siembra hasta la mesa para que el consumidor final obtenga buenos precios y productos de calidad.
    Pese a todas las dificultades hay que reconocer que el pueblo cubano está bien alimentado. Por poner un ejemplo, en Colombia mueren alrededor de cinco mil niños de hambre al año. Semejante atrocidad no sucede en Cuba. Es más, según la Unicef, el índice de desnutrición infantil en Cuba es cero. lo que significa que no hay un solo niño desnutrido en la isla. Sin embargo, la carestía de los alimentos va generando inconformidad en la población contra el sistema y esto no se puede permitir. Yo supongo que el bloqueo impide el ingreso adecuado y suficiente de tecnología agrícola de avanzada en lo que tiene que ver con insumos, fertilizantes y maquinaria. Esta puede ser una de las causas de los altos precios de los alimentos, pero los cubanos están acostumbrados a superar obstáculos y vencer dificultades y es aquí donde el estado debe jugar un papel decisivo que permita a los cubanos seguir defendiendo y creyendo en su revolución.

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