Para ser maestro de otros, es necesario saber servir


Por Arnaldo Vargas Castro. Inicia la Jornada de homenaje al Educador, en Cuba,  en la cual hemos de tener presente que ellos son la esencia del proceso de formación integral de los hombres y mujeres que tienen la alta responsabilidad de llevar adelante esta obra nueva que construimos. De ahí la importancia de enaltecer su figura e integridad; reconocerlo en el barrio; consultarlo sobre la conducta de nuestros hijos en la escuela, y apoyarlo.

Maestro fue el joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, asesinado por bandas contrarrevolucionarias, el 26 de noviembre de 1961, cuando apenas contaba con 16 años de edad. En su homenaje se adoptó esta fecha para iniciar la Jornada del Educador que se prolonga hasta el 22 de diciembre, día en que en ese propio año, se proclamó a Cuba como territorio libre de analfabetismo.

Por enseñarnos a andar en el mundo de las letras y las ciencias, y contribuir a la formación de valores que nos acompañarán toda la vida, nunca deberíamos olvidar el nombre de nuestros maestros y profesores. Sin ellos, no habría científicos, profesionales, intelectuales, artistas, dirigentes, técnicos, en fin, no habría patria.

Patria que iluminaron con su pensamiento avanzado y sus acciones, precursores como el presbítero Félix Varela, primero que nos enseñó a pensar; José de la Luz y Caballero, uno de los forjadores de la nacionalidad cubana; José Martí, máximo exponente de las ideas independentistas por las que dio la vida; Fidel, quien nos hizo libres e iluminó el camino de los conocimientos y las ideas, con una amplia red de escuelas y bibliotecas en toda la geografía nacional.

Pero no sería completo el homenaje, si no mencionase al primer maestro cubano reconocido. Me refiero a Miguel de Velázques, hijo de india y español, que ejerció la profesión en el lejano 1544, y de quien se informara en una carta al Rey de España, por el Cabildo de Santiago de Cuba, que era un cura mestizo natural, que estudió en Alcalá de Henares; que sabía canto llano; que enseñaba gramática, y era de vida ejemplarísima.

Y el primer maestro negro de Cuba, en tiempos de colonia, se nombró Antonio Medina y Céspedes, precursor de la pedagogía cubana, fundador del Colegio de Nuestra Señora de los Desamparados y colaborador de prestigiosas publicaciones.

Las mujeres también fueron ocupando su lugar, sobre todo, después del triunfo revolucionario, comenzando por su masiva incorporación a la campaña de alfabetización, en la que más de un millón de cubanos y cubanas aprendieron a leer y escribir.

Por tales razones, en esta Jornada del Educador, pienso como José Martí: “…para ser maestro de otros, es necesario saber servir”.

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