#CubavsTerrorismo: las bombas no entienden de esperanzas (+Infografías)


Por Bernardo Cabrera. Hablar del crimen de Barbados es hurgar en una herida que no cicatriza; es rememorar 73 muertes de sueños y proyectos; evocar el dolor de familiares que viven con el recuerdo de quienes nunca regresaron.

Es describir un golpe efímero de luz cegada para siempre, de preseas que refulgen desde el fondo del mar para perturbar a sus asesinos.

Eso y mucho más es hablar del 6 de octubre. Una fecha que hace 39 años sumió en la tristeza a un pueblo y estremeció al mundo.

Días de dolor, rabia e impotencia. Llanto desgarrador de madres que vieron esfumarse en el aire las vidas de sus hijos.

Cuanta injusticia, cuantas muertes aún impunes. Cuantos sentimientos mezclados en aquella aeronave justo antes de morir. Y todo a causa de bombas que no entienden de esperanzas; de terroristas que no conocen de sueños olímpicos o respeto a la vida.

Aún perdura el dolor, la angustia y las ansias de justicia para quienes hace 39 años vieron zozobrar sus sueños y proyectos en las aguas de Barbados.

Aún retumban en la conciencia de los asesinos las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en la despedida de duelo: “Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos del abominable crimen. Y cuando un pueblo enérgico y viril llora la injusticia tiembla”.

73 víctimas que, sin imaginarlo, un 6 de octubre de 1976 abordaron un vuelo con destino al altar sagrado de los mártires de la Patria.

(Tomado de Tele Cristal. Infografías tomadas de Cubadebate)

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Un comentario en “#CubavsTerrorismo: las bombas no entienden de esperanzas (+Infografías)

  1. Los asesinos tampoco entienden de esperanzas
    Una oleada de llanto, tristeza infinita, impotencia y total desprecio por el más poderoso enemigo que ha sufrido un pueblo, fue lo que vivimos todas las cubanas y cubanos con motivo de lo sucedido el 6 de octubre de 1976. Yo era muy pequeña cuando los acontecimientos de Girón, el asesinato de los brigadistas, el vandalismo de las bandas contrarrevolucionarias, en fin, de otros tantos hechos, que nublaron la alegría del pueblo y cegaron las aspiraciones y sueños de muchas familias, con lo que pretendían amedrentarnos.
    No era fácil entonces para mí, comprender tanta infamia; sin embargo, el 6 de octubre cuando llegan las primeras noticias sobre el horrendo crimen de Barbados, recuerdo muy bien, porque era ya una joven maestra primaria; la respuesta inicial fue llorar abrazada a mis alumnos y a muchos de sus padres que llegaban a la escuela buscando consuelo, y también, en respuesta a la necesidad de unirnos, una vez más, para exigir justicia. Ahora no podía conformarme con llorar o buscar en otros, las razones no bien comprendidas antes, necesariamente, tenía que recurrir a la Historia de Cuba, y de ella, a esa parte esencial de su contenido, que ha sido una constante en la vida de todos los cubanos: el diferendo E. Unidos – Cuba para explicar a mis pequeños discípulos la verdadera causa de dicha diferencia, y en consecuencia, del espantoso y repudiable acontecimiento.
    Transcurridos 39 años, también recuerdo, cómo aprendimos, casi de memoria, el histórico y conmovedor discurso de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro con motivo de los hechos. Inmediatamente, montamos con su contenido un coro hablado donde se unieron alumnos de otros grupos de la escuela, demostración que hubiera hecho “temblar al enemigo”, de solo escucharlos. Ya no era solo llanto lo que como consecuencia de lo acontecido quedaba en mis alumnos y en el pueblo, ni la impetuosidad del momento, era la comprensión irrefutable y consciente del compromiso de no claudicar nunca, trasmitido de generación en generación. Es el mismo compromiso que nos ha guiado siempre, convertido en principios, los que enarbolamos como muestra del concepto sobre nuestra verdadera independencia.
    A nosotros nos queda el dolor y la ira por no haberse hecho justicia; pero a los autores, les acompañará eternamente la impotencia de no haber logrado amedrentarnos y morirán con el desconsuelo de no poder doblegarnos, y mucho menos, destruirnos, porque no solo “las bombas no entienden de esperanzas”, estos despreciables asesinos, tampoco entienden de esperanzas.

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