Y tú ¿qué tipo de teléfono usas?


Más de tres millones de personas en Cuba tienen líneas para celulares activadas, aunque una cantidad todavía ínfima de esos móviles tienen Android. Foto: Tomada de Androidzone.org

Más de tres millones de personas en Cuba tienen líneas para celulares activadas, aunque una cantidad todavía ínfima de esos móviles tienen Android. Foto: Tomada de Androidzone.org

Por Yisel Rodríguez Milán. 4.4.2. Esa es la versión de Android de mi teléfono que, para ser sinceros, no es la gran cosa. Es de marca dudosa, no pagué por él los precios exorbitantes que ahora están de moda y tiene sobre sí un raro estigma, propio de estos tiempos en que la venta de celulares por la izquierda resulta un buen negocio y un termómetro social: mi móvil es chino.

Poseer un móvil chino, para quienes se mueven en algunos escenarios escolares, en la calle y en ciertos círculos profesionales, evidencia dos características de sus portadores, especialmente de aquellos que gustan de usarlos  en cada pasillo, parada de guaguas, reunión y conversación.

La primera es que tiene «poco» dinero, porque «no vale igual una copia china que un original» –te dicen los (re)vendedores- y eso, socialmente, parece tener un costo: cierto tipo de exclusión poco relevante si se admite que en la Isla es ínfima la cantidad de personas que pudieran pagarse un original.

La segunda es que, de todas formas, tiene un «teléfono Android». Disfrutar de este sistema operativo, aunque no se tenga línea, se ha convertido en un asunto de notoriedad entre los consumidores de la tecnología.

Con ellos el comparar un móvil con otro, intercambiar aplicaciones, compartir archivos por bluetooth, jugar, enviar mensajes multimedia… pasó de ser la forma de conexión social primaria que empezamos a «descubrir» a partir del 2008 –cuando se autorizó la venta de líneas a los cubanos– para convertirse en una necesidad de consumo.

Uno no ansía lo que poco conoce, pero el siglo XXI y la globalización cultural andan haciendo de las suyas en Cuba. No hay carteles ni spots anunciando los privilegios sociales de un smartphone y, aun así, los niños y adolescentes piden a sus padres que le regalen uno si aprueban los exámenes, si pasan el año, si obtienen la carrera, si se portan bien…

Quizás muchos, si creyeran en Reyes Magos, les pedirían un  tablet para jugar y ver series. O negociarían el diente caído con el Ratón Pérez para ver si les trae de Panamá o Ecuador algún móvil barato… «pero que sea Android». Sus padres pagan.

No demonizo los celulares. Tengo un amigo, adicto a su teléfono, que hace cuatro años salvó la vida de un grupo de personas cuando se volcó la yutong en que viajaba de Las Tunas a La Habana. ¿Cómo? Usando su móvil para informar.

Unos meses atrás yo misma hice, gracias a un celular, una entrevista que siempre recordaré. Fue a uno de los médicos cubanos que cumplía misión en África atendiendo a los enfermos de Ébola. Él me respondía desde su móvil, lentamente, quizás usando un solo dedo para evitar errores en el resbaladizo teclado de Android que, a propósito, le hacía sugerencias de corrección.

Estar conectados resulta una necesidad social con la que el país tiene una deuda que no solo abarca el alto precio de las líneas y las llamadas, sino también la posibilidad de usarlo para conectarnos a Internet. Pero eso sería motivo de otro artículo.

El problema en este caso es que, más allá de las «apps» para encontrar restaurantes y los dobles «checks» de la mensajería, los móviles nos han cambiado la vida y nos imponen nuevas dinámicas de consumo por las que no deberíamos dejarnos tragar.

Siempre hay jóvenes ocurrentes. Vean este cartel que circula por las redes sociales. Foto: Tomada de  Andesken.com

Siempre hay jóvenes ocurrentes. Vean este cartel que circula por las redes sociales. Foto: Tomada de Andesken.com

Lo que te pierdes si no tienes Android, por ejemplo, parece importar demasiado. Hasta hace unos años bastaba con tener «un telefonito» cualquiera para llamar y enviar mensajes. Ahora ese telefonito –digamos un Alcatel de 25 CUC- es el primer paso en una larga carrera que llevará a gastar más de lo que tienes por lo que dicen que es mejor.

Primero -te dirás a ti mismo- será por necesidad. Tu telefonito no tiene una buena cámara, no soporta el correo Nauta, pasas trabajo con el teclado y no sintoniza las emisoras. Es hora de invertir.

Con el equivalente al salario completo de tres meses comprarás uno mejorcito. Pero difícilmente será Android. En Etecsa, por ejemplo, un móvil con ese sistema operativo cuesta más de 100 CUC. Pronostico que durarás poco con la nueva adquisición.

La presión social, «imperceptible» si así lo quieres creer, te inducirá a buscar esta vez un celular táctil (que es lo que se usa) y práctico (nadie lo puede negar), en el que puedas copiar mapas, directorios, enciclopedias, navegadores, linternas, editores de fotos y videos, reproductores de música, y otros muchos programas y juegos que antes solo era posible usar en las computadoras.

Aprenderás a vivir al tanto de lo último y sufrirás si no puedes actualizar el sistema con la última versión sacada al mercado por Google. Dicen en varias páginas web que Android es un buen exponente de lo que llaman obsolescencia programada.

Y con este sistema operativo tendrás, además, otras regalías. Una de ellas es que, si te conectas, serás vigilado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos y el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ) de Inglaterra, con acceso a los datos de los usuarios de dispositivos Android.

En enero de 2014, The Guardian reveló que ambas agencias de inteligencia interceptaban información personal a través de Internet, redes sociales y aplicaciones populares como Angry Birds, que recopilan información para temas comerciales y de publicidad. La NSA y el GCHQ insisten en que cumplen con las leyes nacionales e internacionales. Ya veremos…

Antes, de estudiante, cuando escuchaba algo parecido a «android» el término me remitía a los androides, robots que imitando la apariencia y la conducta humana pueblan algunos famosos libros de Ciencia Ficción.

Perdí el sueño con unas historias de Isaac Asimov que leía en el único sitio de la casa donde se mantenía prendida la la luz hasta la madrugada: el baño. El hombre bicentenario, en especial, me desveló.

Ahora, como a muchas otras personas, me roba horas (y no solo nocturnas) la necesidad de revisar el correo en todo momento (aun cuando me desgaste un saldo siempre al límite), de revisar los sms, de jugar aunque no tenga ganas, de limpiarle la pantalla, de tocar el teléfono solo para saber que está ahí y no se me «ha ido corriendo», sí, corriendo, como aquellos días en que solo usaba ese dichoso aparatico porque me hacía falta.

 *Este artículo fue publicado originalmente en la revista cubana La Calle del Medio, en su edición de mayo de 2015. Tomado de SoyCuba.

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3 comentarios en “Y tú ¿qué tipo de teléfono usas?

  1. Luis Ernesto:

    Aquí están idiotizados, ya no existen relaciones interpersonales… Son esclavos de la tecnología, pero, para banalidades… Lo alertó Albert Einstein:

    “TEMO EL DÍA QUE LA TECNOLOGÍA SOBREPASE NUESTRA HUMANIDAD. EL MUNDO SOLO TENDRÁ UNA GENERACIÓN DE IDIOTAS.”

    Una imagen común en Chile… ¡No se hablan entre sí!

    https://lasmonedasdejudas.files.wordpress.com/2013/10/a31db-inmobiliaria_portela_llamc393preguntandoporelbajodelaperegrinasiiestabaalquilado.jpg?w=640&h=572

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