#Cuba: hoy por tí, mañana por mí


Por María Elena Balán Sainz. Ocurren tantas situaciones en la cotidianidad de cualquier individuo en nuestra Isla que si fuera a aplicarse ese proverbio de Quien a hierro mata, a hierro muere, sería muy lamentable, porque nunca son buenas las venganzas, ni las acciones malas para responder a otras de igual tipo.

Más valdría ser portadores, con el mejor sentido ético, de otra frase que reza Hoy por ti y mañana por mi, sin querer decir que se transgredan normativas, colas en un establecimiento, prebendas laborales u otras.

Deseo referirme a personas que se manifiestan con cierto individualismo, aquellas que -contrarias al sentido solidario propio del cubano- actúan como si nunca fueran a necesitar de otros.

Recuerdo una anécdota contada como enseñanza a sus hijos por el doctor Ramiro, quien acudió a un establecimiento hace ya unos años a comprar una pieza para su auto y fue maltratado por la empleada, quien tuvo un lenguaje inadecuado e irrespetuoso hacia él y no le auxilió en su pedido.

Pasado un tiempo, esa misma mujer acudió al hospital donde hacia su guardia en urgencias el referido médico, quien asumió con mucha profesionalidad y sentido humano la atención del padre de esa señora, la cual creyó que le iba a reprochar aquel desaguisado.

Gracias al doctor, a su empeño y a los recursos del Estado en el centro de salud, el paciente salvó la vida. Pero además, aquello representó una lección para quien con un carácter hosco y desagradable trataba a sus clientes en el centro de piezas automotrices.

Otro tanto pudiera decirse de algunas vendedoras en tiendas de recaudación de divisas, a las cuales acude una mujer en busca de algo necesario para su hogar, y a pesar de que para comprarlo debe pagar en pesos cubanos convertibles, con sacrificio para su bolsillo, la expendedora de productos le hace gestos negativos con la cabeza y ni siquiera se interesa por buscar entre las cajas o explicarle otra opción.

Resulta que luego, quien recibió la mala atención coincide con la vendedora en la escuela primaria, donde la niña de ésta cursa estudios y la clienta es su maestra. Vaya casualidad. Entonces, la que incumplió con su deber de ofrecerle un buen servicio en el establecimiento, se deshace en sonrisas y le pide que enseñe bien a su pequeña.

Son casos aislados, y sin querer hacer de este comentario una relatoría de anécdotas, pues creo que cada cual podría aportar alguna, bien vale alertar sobre la necesidad del respeto, la solidaridad y los buenos modales.

Que no se vayan a descuidar tales valores cuando nos relacionamos en el día a día con otros individuos. No por ocupar una posición de privilegio en determinado momento nos da derecho a menospreciar a los que están necesitados de nuestra atención.

Las personas demuestran respeto de muchas maneras.  Lo pueden hacer cuando hablan y actúan civilmente, evitando insultos, comentarios crueles o lenguaje crudo o vulgar, pero igual realizando buenas acciones y atendiendo a los demás como quisieran que lo hicieran con ellos mismos.

(Tomado de AIN)

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