“Soy una maestra más” , afirma educadora holguinera


Por Luis Mario Rodríguez Suñol. Desde pequeña declaraba a todos que quería ser Doctora en Pedagogía, así con esas especificidades. Hoy, además de serlo, Graciela Góngora Suárez es la Rectora de la Universidad de Ciencias Pedagógicas de nuestra provincia, centro formador de miles de maestros que este 22 de diciembre celebraron su día.

La conocí el año pasado en la gala por el aniversario 45 del Pedagógico. Al verla percibí en ella a una mujer extremadamente recta, rígida e inmóvil. No era para menos. Llevaba una “blusa” de yeso, con mangas largas y todo, que obstaculizaba sus efusivas ganas de aplaudir. Ni siquiera eso impidió que subiese al estrado a leer su discurso. Los maestros son así, no pueden dejar de decir.

Quizá por ello, a Graciela Góngora Suárez le resulte imposible “camuflar” su condición de pedagoga. Es una vocación inherente. Por más que estemos en su oficina, e incluso que desempeñe el rol de entrevistada, sus genes instructivos trascienden el diálogo más formal. Habla con la cadencia del magisterio y gesticula como si estuviese más cerca de la pizarra que de su buró. Yo, aplicadamente, me dejo llevar por la didáctica de su discurso.

Es una mujer desinhibida, coherente y muy determinada, rasgos que se dan a la fuga si le colocas en frente a una cámara de televisión; entonces comienza a cancanear, le sudan las manos y las palabras encuentran en sus labios una cerca de alambre de púas. Al parecer, se le actualizan sus genes de “pequeña agricultora”.

“Me crié en piso de tierra y casa de guano. Nací en el año 1953 en un barriecito que se llama Los Tibes, dígase Sao Arriba con flecha. Soy la menor de ocho hermanos, de los cuales siete somos profesionales. Cursé los primeros estudios en la escuela multigrado Perucho Figueredo y a los diez años tenía el sexto grado”.

¿Cómo surge su vocación por el magisterio?

“Desde tercer grado ayudaba a mi maestra en sus labores. Me llamaba la atención ese mundo. Mi mamá fue maestra del barrio sin título, enseñó a leer y escribir acerca de cincuenta muchachos. Decía que su profesora era doctora en pedagogía, y entonces cuando me preguntaban qué quería ser les respondía con un “doctora en pedagogía”, y mira lo logré”.

“Cuando culminé el sexto grado ingresé en el programa de formación de maestros de primaria. Mi primer año lo hice en Minas de Frío, el segundo en Topes de Collante, en el centro del Escambray, y los años restantes en La Habana. Me gradué en el año 1971, tenía 17 años”.

Sin embargo este era un título de nivel medio…

“En aquella época lo maestros de primaria no teníamos una superación permanente y entonces decidieron abrir la prelicenciatura, un curso introductorio para entrar a la universidad. Comenzamos en el pedagógico viejo y luego vinimos para acá. Hice dos años de preparatoria e inmediatamente comencé la licenciatura en el curso por encuentros para trabajadores, que tenía una duración de seis años, es decir estudié trece años para hacerme una docente con un mayor nivel de calidad”.

Perteneces a la primera graduación del país de Licenciados en Educación Primaria ¿Cómo fue esa experiencia?

“Fue una graduación histórica, incluso nos llevaron al Teatro Carlos Marx. Allí se realizó un acto precioso que contó con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro.
anifestó que se trataba de un día glorioso para la educación cubana. Fui seleccionada como la mejor graduada de mi universidad. Me enteré cuando llegué a La Habana. Tuve la dicha de que Fidel me entregara el título en el acto”.

“Recuerdo que los mejores graduados estábamos en la primera fila y los periodistas presentes comenzaron a realizar entrevistas y a mí ninguno se me acercó, no llamaba la atención. Pues resulta que al otro día salí en la primera plana del Granma en una foto donde Fidel me entregaba el titulo y por si fuese poco a la semana salgo en Bohemia, al final me robé las cámaras”.

¿La condición de dirigente ha lacerado su condición de pedagoga?

“Mi condición de dirigente me ha ayudado a transmitir la grandeza que significa la obra del maestro y eso me hace muy feliz. Nunca he dejado de ser maestra pues sigo impartiendo docencia, investigo, participo en eventos. Para nada el hecho de ser directiva ha imposibilitado seguir desarrollando mi vocación. Soy profesora de Didáctica de la Matemática en el pregrado y en postgrado imparto otra relacionada con la Dirección Científica Educacional”.

“Para mí ha significado la consolidación de mi motivación como pedagoga. No me siento como la Rectora de la Universidad, sino como una maestra más. De alguna manera he querido con mi trabajo contribuir a la felicidad de los demás y buscar nuevas vías para perfeccionar esta obra que tiene 46 años de creada”.

¿Cuál debe ser el papel del maestro en la formación de los estudiantes?

“El papel del maestro es transmitir constantemente modos de actuación y al mismo tiempo recibir de los alumnos, pues si no tiene en cuenta lo que el estudiante le transmite comete un grave error pues el proceso de enseñanza y aprendizaje tiene que ser bilateral”.

“En nuestro caso es mucho mayor la responsabilidad, porque formamos a formadores. Si preparamos adecuadamente a nuestros estudiantes es posible que esos egresados puedan llegar a ser verdaderos educadores. En este sentido es fundamental educar con el ejemplo y el quehacer diario, y tener pleno dominio de la materia que se imparte. Un buen maestro tiene que ser ejemplo para sus estudiantes y caracterizarse por la humildad.

¿Qué causas inciden en la pérdida de vocación por el magisterio que existe en la actualidad?

“Tiene mucho que ver el reconocimiento social que se hace de la labor del maestro. A veces la propia familia desdeña la profesión porque es demasiado sacrificada, necesita de mucho esfuerzo y entonces no quiere que sus hijos vayan por este camino profesional. También, el problema de la remuneración, en ocasiones el salario no se corresponde con el esfuerzo que realiza el maestro”.

“Nosotros hemos sufrido durante varios años el ingreso de estudiantes con muy poca vocación, pero tenemos una estrategia de formación vocacional y orientación profesional pedagógica que nos permite unirnos en un accionar para enamorarlos del magisterio. Tratamos de que todo lo que encuentren aquí les agrade, que les guste la escuela, y a ello le añadimos una preparación de calidad que garantizamos con el prestigio de nuestro claustro”.

¿Cómo recibe el Pedagógico el proceso de integración universitaria?

“Lo hemos acogido de una manera muy comprensiva. Confiamos en que la integración nos permitirá construir la nueva Universidad que Holguín necesita. Es un momento histórico-concreto diferente que nos lleva a empelar mejor los recursos humanos, materiales y financieros. Estamos en un momento de madurez suficiente para que este sea un proceso exitoso y de mejoramiento continuo”.

(Tomado de Ahora)

2 comentarios sobre ““Soy una maestra más” , afirma educadora holguinera

  1. Gracias en primer lugar a Luis Ernesto por compartir la entrevista y al periodista, desdichadamente la busuqé en el periódico digital Ahora y no la encontré. Soy dichoso al conocer a esta mujer de firme paso y convicciones profundas, todo el que se le acerca ha de sentir su luz y energía y yo amigos míos que la he tenido solo a una puerta les digo “QUÉ ENERGÍAS”, a veces quisiera que descansara un poquito, pero después me percato que se estirpe no es para eso, sino para estar al lado del deber. El magisterio holguinero es dichoso al contar en sus filas con una Pedagoga de su talla. Yo procedo de la Facultad de Educación Infantil y desde mi vida estudiantil en una parte de ella Graciela era por entonces la Decana de aquel insigne centro, devenido hoy en escuela mixta. La Universidad de Ciencias Pedagógicas cuenta con su magia y la preparación y la cultura de un claustro cultivado no solo en el deber sino en la sensibilidad del alma. Ella con su entrega ha demostrado a muchos que sí se puede. Felicidades a Graciela y con ella a todos sus compañeros y estudiantes, ustedes son un colectivo de gigantes.

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  2. Leer esta nota no nos permite alcanzar la magnitud de grandeza de esta mujer, por demás maestra. Hay que tenerla frente, de cerca, para poder valorar más la realidad en su encuentro, que en las palabras. Ser dirigidos por ella es un honor que disfrutamos, por su afabilidad, por su comprensión, por su amistad, por la confianza que te brinda. Por ello esperamos que en la integración de las universidades ella siga al frente y nos continúe dando la firmeza que con su ejemplo transmite.

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