Voyageur: ¿cómo llegar de La Habana a Holguín y no infartar en el intento?


Por Reynaldo Cruz. El Viajero se dirige a la terminal de Lista de Espera del aeropuerto de La Habana, con la esperanza de llegar a Holguín. Es casi mediodía, el sol ha castigado bastante, y la posibilidad de viajar en ómnibus está descartada, por el tiempo que podría demorar en conseguir pasaje y por el tiempo de viaje en sí. La sala de Lista de Espera está casi vacía (unas seis personas), lo cual parece ser una buena señal… ¿¡o no!? Pues no, no lo era. De hecho, nunca lo es.

La terminal de “Lista de Espera”

Luego de registrarse en la Lista de Espera del vuelo a Holguín, el Viajero se sienta cerca de los demás aspirantes (Holguín, Santiago de Cuba, Bayamo, Nueva Gerona) y comienza a escuchar sus historias, algunas interesantes, otras bien tristes. Muchos de ellos renunciaron a viajar por la Coubre (la lista de espera de los ómnibus), pues la cantidad de personas es espeluznante, y se habla de precios escandalosos, hasta 800 pesos han pedido los que agarran los turnos para comprar pasaje, lo cual pondría el boleto hacia Holguín en casi mil pesos.

El Viajero se levanta, y vuelve hacia la ventanilla, con el objetivo de averiguar si puede anotarse en la lista de Bayamo también. “Te puedo poner —dice la compañera con un tono agradable, y alega—, si a me da la gana.” Comprende entonces que esa última frase quiere decir que tendrá que desembolsar unos coloridos 10 ó 20 CUC para poder aspirar al vuelo, o hasta burlar la cola y quedar delante de todas aquellas personas que llevaban algunas hasta 24 horas en ese lugar.

Cinco minutos más tarde, se anuncia que no hubo fallos para el vuelo a Bayamo.

Comienzan entonces los comentarios, y el Viajero escucha con atención las palabras de las indignadas personas que allí se encontraban: habían llamado a siete posibles pasajeros de la Lista de Espera de Holguín en el vuelo de la mañana, y todos fueron devueltos con el alegato de que se había llenado el avión… ¿cómo fue posible si anunciaron los fallos? Pues fue, y la que se armó no fue agradable.

“Fue un descaro,” dicen unos. “¡Hay que pagarles hasta 20 dólares!” señala una mujer. “Como si el pasaje no fuera lo suficientemente caro…” suspira otra.

De pronto, comienzan a llegar personas que no se quedaron en la terminal y que cada una de ellas tenía una mejor ubicación en el ranking que el Viajero. Afortunadamente, más de la mitad tiene sus miras puestas en Santiago de Cuba, y sale un vuelo a las seis de la tarde.

Pasan los minutos, las horas, y el Viajero ve como se estrechan los lazos entre las personas que esperan. Se hacen amigos unos de otros, aún sin saber sus nombres. Mantienen el orden de la cola, con un respeto mutuo casi inesperado e increíble en los tiempos que se viven. Conversan, se cuentan de su vida, comparten un café…

Los que allí durmieron comienzan a desesperarse, aunque también, cubanos al fin y al cabo, toman las cosas con jocosidad, y muchos ríen cuando el Viajero les evoca la película “La Terminal” y les advierte que podrían todos correr el riesgo de llevar de ahí en adelante la vida del personaje interpretado por Tom Hanks.

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6 comentarios sobre “Voyageur: ¿cómo llegar de La Habana a Holguín y no infartar en el intento?

  1. tema este bastante candente..CORRUPCION…CORRUPTOS….yo siempre repito y no me canso dehacerlo¿ DONDE ESTAN LAS ORGANIZACIONES DE MASAS EN ESTAS INSTITUCIONES, DONDE ESTA EL NUCLEO Y EL COMITE DEL PCC DE ESTAS INSTITUCIONES?¿QUE ANALIZAN Y DISCUTEN EN SUS REUNIONES MENSUALES¿

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  2. ¿El viajero pudo viajar? ¿Encontró asiento en el vuelo para Holguín sin desenbolsar la “multa”? Son preguntas que me asaltan al final.
    Lamentablemente esta realidad está presente en muchas instalaciones nuestras, funcionarios venales y corruptos que han hecho del tráfico de influencias su modo de vida fácil. Siempre habrá quien defienda esas posturas afirmando que “la vida está cara” y “hay que luchar”, pero hay que sacudir de una vez la mata de la que cuelgan semejantes parásitos. El Partido, la CTC y otras organizaciones deben hacerse sentir en las instituciones. No creo que en una institución haya personas tan compartimentadas y discretas que hagan y deshagan sin que el colectivo se percate de sus bellaquerías.
    Tendremos que retomar el lema que enarbolaba el líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) antes del “aldabonazo final”: “Vergüenza contra dinero”, para cerrar filas y que los deshonestos dejen de manchar con su actuar a los colectivos laborales donde suman más los hombres con dignidad y vergüenza.
    Tendremos que dejar atrás el paternalismo y llamar las cosas por su nombre, que quien actúa mal no “lucha” sino corrompe, delinque y merece el desprecio de sus compañeros pues mancha la obra que muchos se empeñan día a día por construir, con las mismas privaciones, necesidades y carencias que los ladrones, corruptos y delincuentes.

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