Libros, cuadernos y buenos hábitos


Estudiantes del Pre "Enrique José Varona" de la ciudad de Holguín. Foto: Luis Ernesto/Visión desde Cuba.
Estudiantes del Pre “Enrique José Varona” de la ciudad de Holguín. Foto: Luis Ernesto/Visión desde Cuba.

Por María Elena Balán Saínz. El período académico acaba de comenzar, estudiantes y docentes de nuevo en las aulas, mientras padres y familiares deben igualmente unirse a esa cruzada por la enseñanza con el debido rigor y la adecuada exigencia para lograr un buen final de curso. Son varios los aspectos que requieren atención, como el estudio diario, la búsqueda de bibliografía complementaria, la puntualidad y asistencia, la disciplina y el uso del uniforme escolar para numerosos niveles de enseñanza.

No son pocos los alumnos que salen de casa temprano y pierden tiempo en el trayecto hacia el centro educacional y faltan a turnos de clases, lo cual repercute en su aprovechamiento escolar.

Tanto estudiantes como profesores deben prepararse para recibir o impartir las materias en las escuelas. Las deficiencias que presenten unos u otros, conllevarán a que el alumno pase al otro grado con una base deficiente.

El país realiza esfuerzos cada año para garantizar el uniforme escolar, y resulta estimulante ver cada día a niños, adolescentes y jóvenes ataviados con pantalones y camisas de distintas gamas de colores como rojo, amarillo, carmelita, azul y blanco que corresponde a cada nivel de enseñanza.

Preocupa no obstante, el afán de muchos por deformar ese atuendo que los identifica. Los pantalones son adaptados al gusto de quien los porta y a veces parece que van a resbalar de la cadera y caer a los pies de su dueño, ¡tantos son los centímetros por debajo de la cintura donde debían estar!

Las mangas de las camisas y de las blusas sufren sus adaptaciones, según dicte la moda que imponen los alumnos, lo mismo que los cuellos y el ancho de tales prendas.

Cada generación tiene sus características y gustos, pero eso no justifica el uso inadecuado del uniforme.

Por estos tiempos prolifera igualmente, las jergas que inventan para comunicarse entre sí y quien esté fuera de ese contexto no entiende lo que hablan.

El español es una lengua rica en matices y con numerosos vocablos. Tener un vocabulario fluido, que denote cuánto sabemos, es algo que puede cultivarse y si es desde los primeros grados, mucho mejor.

Libros, revistas y diccionarios no deben faltar en el arsenal académico. Si no son suficientes en la casa, pues hay que buscarlos en las bibliotecas escolares.

No criamos egoístamente para los padres, sino criamos para la vida, y bajo ese sabio concepto dependerán hábitos de conducta correctos que ayuden desde niño a adquirir sentido de disciplina, responsabilidad y respeto.

Pero en estos tiempos ha proliferado la violación de las normas de conducta social y suele faltarse el respeto tanto a padres, maestros, jefes o personas encontradas al paso.

Hay expresiones o respuestas que por el tono de la voz que utiliza el individuo que las dice, son tomadas como irrespetuosas u ofensivas.

Cuesta tan poco ser agradables en el trato hacia los demás, contestar el saludo, evitar las palabras groseras, la vulgaridad en el comportamiento. Sin embargo, no todos están dispuestos a asumir tales actitudes.

Hay niños a los que no se les estimula el amor al estudio, ni el debido comportamiento ante sus profesores o personas de mayor edad, y por consiguiente su conducta comienza a ser rechazada por quienes les rodean.

A diario puede escucharse a algunos progenitores que se quejan de que sus hijos adolescentes o jóvenes son cada vez más desobedientes y tienden en ocasiones a presentar una actitud vulgar.

Es tanto responsabilidad del maestro como de la familia formar a los estudiantes en los más elevados sentimientos de solidaridad humana, en el respeto hacia los demás, en la sinceridad, la honradez y la cortesía.

Además de enseñar el contenido pedagógico constituyen para sus alumnos una guía a imitar, de ahí que resulte tan importante que el educador cuide sus modales, su forma de conducirse, su manera de hablar, para ser ejemplo ente sus alumnos.

Cuando existe un ambiente de autoridad y disciplina tanto en la escuela como en el seno del hogar de niños y jóvenes, puede lograrse que crezcan recibiendo cada día esa savia pura de los más sanos ideales humanos. Es un propósito que debe plantearse tanto el maestro como la familia.

Educar sin alardes de fuerza, pero con firmeza, es el primer eslabón de esta cadena a favor del respeto, de la solidaridad, de la cortesía, de la integridad en la conducta de cada ciudadano.

María Elena Balán Saínz es periodista de la AIN y colaboradora especial de este blog.

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