Crítica a mis críticos


Por Nelson Ricardo Basulto*. Si alguien se viese reflejado en este artículo es porque esa ha sido mi intención y por lo tanto no pido disculpas. Desde hace ya algún tiempo vengo tratando de traducir al castellano algunas de mis ideas. Mientras materializo las mismas a través de la escritura (con el objetivo de que otros me comprendan) me siento mucho mejor como persona en mi doble función de ser individual y socializador.

¡Pero miren nada más quien viene por ahí!, si es Nelson el “escritor”-me dicen algunos catedráticos al verme pasar cerca de ellos. No me molestarían sus palabras si en medio de su exquisita pronunciación cervantina no aflorara aquel tono arrogante, sazonado con una alta dosis de ironía que desde siempre me ha chocado tanto. Rechazo a todos aquellos que se tratan de probar, probándote.

¿En qué tiempo escribes tanto? Me inquieren, mas no me dejan responder. Aprovecha “mejor tu tiempo” en la universidad que por demás es demasiado finito. No lo malgastes en banalidades; tu título al final no dirá que te destacaste en el trabajo con las redes sociales.

¿Será que con el título de Doctor en Ciencias Pedagógicas muere la dialéctica?-me preguntaba mientras escuchaba aquellos “consejos”. ¿Será ese nuestro único fin?-continuaba cuestionándome. Me insisten en que debo de luchar por eliminar ese mal que corroe al alma: la ignorancia. Este es el típico caso en que los pájaros les tiran a la escopeta –mi diálogo con mi otro yo continuaba- la ignorancia dando la receta de su propia muerte, esto si que está bueno.

Son profesores que aman con tanta vehemencia a los libros (de papel) que “no les queda tiempo” para ponerse frente de un monitor; se han acostumbrado tanto al bolígrafo que rehúsan al uso de un teclado. ¿Será que no consideran objetivo el uso de la informática como una más de las vías de desarrollo y sostén de la propia Revolución? O ¿Desde su subjetividad no han podido materializar a través de la práctica sus conocimientos acerca de esta materia?

Hoy, convertidos en Doctores o Profesores Titulares, sienten que aquella alma vacía con la que llegaron al mundo está lo bastante cultivada. Creen haber hecho lo suficiente en esta vida. Ahora se conforman con pasar largas horas detrás de un buró en espera del momento en que tendrán que impartir alguna conferencia, participar en alguna reunión del Sindicato o del Comité del Partido o quizás, salir para la cola de la papa. Han hecho del espacio institucional su único radio de acción, olvidando en realidad que el verdadero espacio de un educador es aquel en donde habite un ser humano.

¡¿Por qué insisten tanto en preservar sus conocimientos cual pirata a su tesoro?! De nada sirve poseer tanta sapiencia si no están dispuestos a usarla en el lugar y el momento que se les requiere, alegando la clásica excusa: “Estoy cogido con el tiempo…”. Miles de inciviles (que no es la generalidad, muchos cuentan con un alto nivel de preparación) funcionales cobran altas ganancias dentro y fuera de nuestro país tan solo por cuestionar y tergiversar la esencia de los procesos que se desarrollan en nuestra sociedad. ¿Cómo lo hacen? Pues utilizando las nuevas tecnologías, y mientras tanto nosotros ¿qué hacemos? Quizás valga la pena reflexionar sobre esto.

Salgamos de ese orbe in gravitatorio donde la estaticidad asfixia a todo aquel que entre en su radio de acción. Son nuestras actitudes las que dan forma y contenido a este tipo de mundo.

Si de tiempo finito se trata, les recuerdo que el de nuestra propia existencia lo es más aún. Nuestra visa (sin trámites y gratis) al “cielo” nos puede llegar en cualquier momento y ahí sí da lo mismo entrar culto que inculto. Además, estoy seguro que al forense no le va a importar si usted fue Doctor en Ciencias Pedagógicas o profesor Titular, esos datos no son necesarios reflejarlos en el acta de defunción. Al final todos los muertos se parecen en algo: en que están muertos y entre un montón de huesos de un analfabeto y los de un intelectual, no podemos diferenciar los de uno y los del otro.

Ahora es el tiempo de cambiar todo lo que deba ser cambiado. Tal vez mañana sea demasiado tarde. Terminemos de una vez y por todas de arrancar de raíz a los árboles que no dejan ver a muchos el bosque en potencia que se forma. Y a esos que se creen robles, por favor, no se empeñen en podar a aquellos que insisten en retoñar.

* Nelson Ricardo Basulto es estudiante de 4to año de la carrera Marxismo-Leninismo e Historia en la Universidad de Ciencias Pedagógicas “José de la Luz y Caballero” de Holguín.

La opinión que le merece el texto que acabas de leer es muy importante para nosotros, ¿la compartes?

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