Obediencia y soberanía: dos términos incompatibles


Por Aurelio Alonso*. Quiero empezar por sumarme a los agradecimientos expresados por quienes me antecedieron por el privilegio de permitirme participar en este taller. Y digo privilegio porque no recuerdo haber asistido en mucho tiempo a un debate tan interesante sobre el tema.

Coincido totalmente con quienes afirman que Cuba es más conocida hoy en los Estados Unidos que en cualquier época pasada. Recuerdo que en 1953 visité el edificio de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, con mis padres, como turistas. Tenía trece años de edad. Nos acercamos a un puesto de souvenirs en el interior del edificio donde mi padre le compró a mamá un pañuelo de cabeza con un mapamundi y las banderas de todas las naciones miembros. La vendedora, que le preguntó a papá de donde éramos, reconoció no saber que existía un país llamado Cuba. Otra vendedora que la acompañaba comentó que ella creía que era un pueblo de Luisiana.

Si así sucedía con las empleadas de la sede de las Naciones Unidas, imagínense ustedes si se tratara de campesinas de Wyoming. En realidad fue la revolución la que puso a Cuba en la opinión y el imaginario del estadounidense, aunque fuese para mal, a través del prisma de la demonización oficial. Antes de 1959 no había reciprocidad siquiera en la conciencia del otro. Hoy, con todas las deformaciones, nos conocemos y hasta nos relacionamos mucho más.

También estoy de acuerdo en que, desde la victoria revolucionaria de 1959, la objeción sustantiva de Washington al nuevo régimen fue la ruptura del patrón de obediencia en las relaciones: los nuevos gobernantes de Cuba no habían llegado al poder para obedecer el dictado de la Casa Blanca, puesto que la soberanía efectiva del Estado cubano estaba en el centro. Obediencia y soberanía son incompatibles, y por primera vez alcanzaba a dominar, en el hemisferio, un proyecto que lo entendiese y asumiese así. Este desencuentro ha recorrido más de medio siglo sin variación, lo cual implica en la política estadunidense una respuesta intolerante a la desobediencia. Para que este nudo se deshaga solo habría dos salidas posibles: o Cuba vuelve a ser obediente o los Estados Unidos modifica su intolerancia para la desobediencia cubana.

El hecho es que en todas las relaciones internacionales, cargadas de diferencias, tienen que producirse efectos de tolerancia para que los diferendos no las enturbien. La tolerancia no es la excepción sino la regla o, al menos, parte de ella; la intolerancia es un privilegio de poderoso, un factor de descomposición de las relaciones. Los Estados Unidos también están forzados a asumir respuestas tolerantes.

Cuando en la Conferencia de Mar del Plata en noviembre de 2005 Néstor Kirchner se opuso a aceptar el ALCA, y tras él la mayoría de los mandatarios latinoamericanos, levantando un muro al proyecto norteamericano, Washington tuvo que aceptar su derrota y replegarse a la concertación de tratados bilaterales de libre comercio. No tuvo posibilidad de respuestas intolerantes. El caso desobediente de Corea del Norte, que ensaya un artefacto nuclear sin consultar a nadie, destapa una ola de criticismo que se desvanece al poco tiempo sin otra manifestación de intolerancia que la retórica y las frialdades y tensiones habituales. Yo diría que hay infinitas evidencias del manejo variable de tolerancias en la política de los Estados Unidos, las cuales deben abarcar también el análisis de sus variaciones en la política hacia China y hacia Vietnam.

Los escenarios internacionales son más desiguales que nunca, y casi todas las conexiones bilaterales con los Estados Unidos se producen desde una apreciable distancia de poder. En varias de las intervenciones que hemos escuchado en estos dos días los colegas han insistido en que si vamos a hablar de cambio en la política hacia Cuba, la pelota está en el terreno del otro. Claro que está en el terreno del otro, la pelota, el bate y el guante. Cambiar una relación tan desigual es algo que está en manos de la parte que ostenta poderes, aunque haga recaer la culpa en el más débil, en especial, cuando de lo que estamos hablando es de soberanía.

Estimo que existe, en cualquier caso, un coeficiente de tolerancia plausible para la política del poderoso. ¿Cuál podría ser el coeficiente de tolerancia para la desobediencia cubana? Ya ha tenido lugar una veintena de votaciones anuales en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que se levante el bloqueo, las últimas casi unánimes, y en Washington no parecen interesarse. En la última década se ha producido un giro decididamente favorable a Cuba en el concierto de los estados latinoamericanos y caribeños, y tampoco parece incidir hasta ahora. No parece suficiente para detonar una rectificación, y la cuestión pasa por entender que no se trata de un problema de la política cubana sino de la política de los Estados Unidos, que no han sido capaces de descubrir el coeficiente de tolerancia hacia la soberanía de Cuba que legitimaría las relaciones.

Hablar de normalización de las relaciones resulta, en consecuencia, algo vago, si no tenemos en cuenta estas variables. Como dijo uno de los colegas norteamericanos, no parece que sea normalidad de relaciones con los Estados Unidos lo que convenga a Cuba, si por normalidad entendemos el tipo de relaciones que mantiene con los países de Centroamérica, por ejemplo.

Yo diría que tenemos que distinguir dos criterios de normalidad. Uno es el de la normalidad por sometimiento del menos fuerte. El otro es la normalidad por la tolerancia del poderoso, que supone, básicamente, el respeto de la soberanía del más débil y la adaptación a la ruptura del patrón de obediencia. Esto no constituye, en sentido alguno, una tragedia para el poderoso, porque aun en el marco de una relación de respeto mutuo, sigue siendo el poderoso.

* Intervención en el XI Taller Cuba en la política exterior de los Estados Unidos de América, organizado por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales y celebrado del 17 al 18 de diciembre de 2012.

Anuncios

La opinión que le merece el texto que acabas de leer es muy importante para nosotros, ¿la compartes?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.