Amor de cierre


Por Karina Marrón*. “Escribe la crónica tú”… Nos pasamos la bola en la Redacción a ver quién finalmente se inspira y escribe el texto que quizá salve a algún enamorado rezagado o el matutino de cualquier centro laboral.

Tal vez deberíamos pelearnos por ser el autor de lo que seguramente será lo más leído este fin de semana, pero a veces hasta los temas más nobles se vuelven pesados.

All you need is love, cantan los Beatles en la TV y en la Habana ya hubo concierto enamorado durante la tarde, del lado de acá no llueven las ideas y la bola sigue rodando, no porque falten enamorados.

Finalmente la flecha apunta hacia mí y la premura del cierre me obliga a juntar canciones que me gustan, ideas y hasta alguna frase que en un momento de mi vida me hizo derramar algunas lágrimas. Perdonen si le falta feeling, pero hay secretos de amor que no se revelan en las páginas de un periódico.

 La crónica

Dicen que al amor se llega por diversos caminos, porque cada persona que se ama es un mundo distinto. Quizá por eso nadie acaba nunca por develar todos los misterios del amor, con sus milagros y transformaciones, aunque las mariposas en el estómago y el soñar despierto, sean denominadores comunes.

Así, se va vistiendo según las edades y lo que una vez fue el nerviosismo del primer beso, luego se convierte en la duda sobre la desnudez del cuerpo. A la vuelta de la esquina, te preguntas si tal vez esa es la persona con la que compartirás la vida, si llegará a ser el padre o la madre de tus hijos; y quizá, en otro momento, el sentimiento viene maquillado de ciertas canas que denotan madurez y del deseo de encontrar un compañero, más que un buen amante.

El amor es el mayor hacedor de cursilerías que no lo son, si la dicen labios enamorados; de tal suerte que cada ciudad puede ser otra o de la mano de alguien se puede, sin necesidad de medios de transporte, darle la vuelta al mundo. Donde hay amor, no hay ojos sin brillo, no hay labios sin sonrisas, no hay amaneceres sin besos para el desayuno, y el espacio se hace pequeño y el tiempo infinito, para disfrutar de la complicidad y el difícil reto de seguir siendo dos, aunque queramos fundirnos en uno.

Bienvenido el amor de velos y guirnaldas y el que no precisa ceremonias; el amor aprisa de los adolescentes y el pausado de los abuelos, que guardan los secretos de la tolerancia y el respeto. Alzadas las copas por todo aquel que ha dejado abierta la puerta o simplemente una rendija por donde se cuele el ladrón, el hechicero, el más cantado y aborrecido. Bien vale la pena amar aun en los tiempos del cólera, aun después de cien años de soledad; porque seremos polvo, mas polvo enamorado.

*Periodista holguinera. Subdirectora del periódico Ahora y editora del blog Espacio Libre.

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